Conclusión
Tanto por las fuentes históricas seguras como por el testimonio mismo del Corán, sabemos que la conciencia del Profeta (PBd) estaba virgen de toda enseñanza proveniente de un ser humano. No aprendió sino a la sombra de la Enseñanza Divina. No ha estado alimentado más que por la Verdad (por Dios Mismo). Es una flor regada por la propia mano de Dios.
A pesar de la ausencia en él de cualquier enseñanza tomada a través de la pluma, el papel y la tinta, el Libro Divino jura que la escritura y la lectura son actos santos:
«Nun. ¡Por el cálamo y los que escriben!» (Corán 68:1)
El Profeta (PBd) recibe la orden de "leer" al principio mismo de la Revelación. Dios describe el arte de escribir como el mayor beneficio con el que agració a la Creación:
«Lee en el nombre de tu Señor que es el Creador» (Corán 96:1)
Así hemos visto a este hombre que jamás ha sostenido una pluma dar impulso al gran desarrollo de la escritura en Medina. Vemos a este hombre que jamás ha entrado en una universidad enseñar y dar nacimiento a los innumerables círculos de estudiosos que se sucedieron a lo largo de la Historia.
El Imam Rida (el octavo Imam -P-), durante su reunión con los representantes de diferentes religiones, dijo:
"Es esta la orden que recibieron Muhammad y todos los Profetas que Dios envió. Entre sus signos están el ser huérfano, pobre, pastor, el no haber aprendido de ningún libro ni haber tenido profesor alguno. Después nos dio el Corán, en el cual se encuentran las transmisiones de los Profetas (que la Paz sea sobre ellos) y sus palabras detalladas, así como el relato de aquellos que pasaron y de aquellos que quedaron, y esto persistirá hasta el Día de la Resurrección".
El hecho que produjo, más que cualquier otro, el asombro de todos en lo que concierne al Noble Corán, y que da la seguridad de que se trata de un auténtico Libro Divino, con su grandeza, todos los conocimientos en los dominios de la Creación, de la admonición y de la educación, con toda su belleza y su elocuencia, es que este libro vino de un hombre totalmente analfabeto. El signo que Dios manifestó por mediación de su último Profeta es un libro maravilloso que se relaciona con el pensamiento, el sentimiento y la conciencia. El milagro aseguró a este libro su rango en el curso de los Siglos. El tiempo no le desgasta y atrae a millones de corazones.
Es incalculable el número de almas que lleva a la meditación, de corazones que hizo desbordar de gusto espiritual gracias a su fuerza y a su energía. ¡Cuán numerosas son las lágrimas que hizo deslizar por las mejillas por amor y temor a Dios en las mayores soledades, al alba y a lo largo de las noches más oscuras! ¡Cuántos pueblos fueron liberados por él de las cadenas del colonialismo y de la opresión!
En efecto: la Providencia Divina ha querido confirmar el milagro del Corán de una manera todavía más brillante, haciendo descender este libro sobre un siervo huérfano, un pastor del desierto que no había puesto jamás los pies en una escuela.
«Tal es el favor de Dios. Lo da a quien Él quiere y Dios posee un favor inconmensurable» (Corán 21:57)