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Parte 3: El Amor en la Ética Islámica

1. El Amor de Dios como la razón más sublime para la creación

El concepto del amor es uno de los más importantes dentro de la filosofía, teología, misticismo y ética islámica; ciertamente que en algunos aspectos, representa el papel más crucial. Por ejemplo, al definir el punto de vista islámico de la relación entre Dios y todo el Universo en general, y entre Dios y la humanidad en particular, el amor ocupa el lugar más significativo.

En este capítulo, mi interés principal es explicar el lugar del amor en la ética islámica, pero antes tengo que hablar sobre el concepto del amor en toda la cosmovisión islámica.

En sus inicios, en el Kalam (Teología Islámica), se dio un debate acalorado sobre el propósito de las creaciones y actos de Dios. Algunos teólogos pensaron que la atribución de la razón o el propósito de Sus acciones llevaban a la presunción de que Dios necesitaba de Sus criaturas y que las creaba para llenar algunas necesidades, tal como un ser humano que, por así decirlo, trabaja para ganar dinero, o que estudia para aprender.

Sin embargo, la visión dominante, especialmente entre aquellos que han tenido un alcance más racionalista, siempre ha sido que Dios es el Sabio (Hakim), por lo tanto, todo lo que hace es con algún propósito exacta y cuidadosamente pre-estudiado. Él nunca hace algo arbitrariamente o en vano. Se afirma en el Corán que

¿Pensáis que os hemos creado en vano…?’ (Corán, 23:115)1.

Por supuesto, es claro que Dios Mismo no gana nada de Sus criaturas, ni de Sus actos de creación, no solamente porque Él está completamente libre de cualquier clase de necesidad, sino también porque es lógicamente imposible que un efecto dado tenga un tipo de influencia en su causa existencial.

Cualquiera que sea el efecto, se recibe de la causa y sería un círculo vicioso pensarlo de otra manera. Dios no ha creado el universo para ganar algún beneficio para Sí mismo, sino para dar beneficios. Un poema persa muy popular dice: “No he creado el mundo para ganar beneficios, he creado el mundo para mostrarle a la gente mi generosidad”.

Existe un dicho divino (hadiz qudsi) famoso el cual puede probablemente encontrarse en todos los libros escritos acerca del objetivo de la creación en el Islam. Según este hadiz, Dios dice: “Yo era un tesoro escondido; quise ser conocido. De aquí que he creado el mundo para que me conozcan”2.

El término original árabe para ‘amor’ se deriva de la raíz hubb, lo cual significa gustar de algo, o amar. Hubb es un concepto general que puede ser aplicado a cosas sencillas, como la preferencia que se tiene por algún tipo de comida, lo cual en español puede ser traducido como ‘gusto’.

O puede referirse a las cosas más importantes en la vida de uno, tales como el intenso deseo por una persona o un ideal, al punto de que inclusive uno puede estar listo para ser destruido por complacer al ser amado o por asegurar el ideal.

Hubb, en tales casos, puede ser traducido como ‘amor’. Hay otro término en la cultura islámica que algunas veces se usa en árabe y más comúnmente en persa para manifestar el amor intenso, ‘ishq. También está la palabra wudd que significa principalmente amistad y afecto.

Así, surge una pregunta: ¿Por qué a Dios le gusta ser conocido? Realmente Dios no tiene deseo de fama. El propósito de Su gusto por ser conocido es entendible considerando el hecho de que Dios es Sabio, Compasivo y Omnipotente.

Él crea el universo, y particularmente a los seres humanos, para darles la gracia y perfección máxima que son capaces de recibir. Por supuesto, la perfección de cualquier clase de ser es determinada por el grado de su afinidad y cercanía con Dios, y los factores más importantes en esto son el amor de Dios, y antes de eso, el conocimiento de Dios, ya que no puede haber amor sin conocerse al sujeto amado.

2. El Amor de Dios por sí mismo

Puesto que la razón de amar algo no es otra cosa que la ansiedad del amante por la belleza y perfección o, en forma más general, lo agradable del amado, el mayor amor posible realmente es el amor de Dios por Sí Mismo. Dios es el ser más hermoso y más perfecto y Su percepción de Sí Mismo es también la mayor percepción, así, Su amor por Sí mismo y Su gozo son los más intensos.

Avicena escribió lo siguiente: “La Existencia Necesaria (Wayib-ul wuyud) que posee la perfección, la belleza y el brillo más elevado y se percibe a Sí mismo también con una percepción completa... es en Sí mismo el amante más grande y el amado más grande y tiene el gozo más grande...”3.

En otra parte dice: “El Ser que posee el mayor gozo con respecto a algo es el Primero (al-Awwal) con respecto a Sí Mismo, ya que posee la mayor comprensión y la mayor perfección” 4.

Sadr-ud Din al-Shirazi, conocido como Mulla Sadra y el fundador de la escuela de al-hikmah al-muta´aliiah, hace la misma apreciación:

“El amor es causado por lo que es recibido o será recibido de parte del amado. Cuanto más sea la bondad y más intensa la existencia, tanto más será digno de ser amado y mayor el amor por la bondad. Ahora el ser, que está libre de la potencialidad y contingencia, debido a su bondad máxima, tiene el máximo nivel de ser amado y el máximo nivel de amar. Por lo tanto, Su amor por Sí Mismo es el amor más perfecto y el más leal”5.

Añade también que, puesto que Dios es simple, no-compuesto, y los Atributos Divinos no son adicionales ni accidentales a Su esencia en la existencia6, Su amor es idéntico a Su Esencia. De esta forma, uno puede justificadamente decir que Él es amor así como Él es conocimiento y vida.

3. El Amor de Dios por las criaturas

El amor de Dios por el mundo en general, y por los seres humanos en particular son aceptados unánimemente por todos los musulmanes. Efectivamente, uno de los nombres de Dios es al-Wadud, “Aquel que ama”. Esto como añadidura a aquellos nombres que implican Su amor por las criaturas, tales como al-Rahman y al-Rahim, lo que significa “el Compasivo”, “el Misericordiosísimo”.

Todos los Capítulos del Corán, excepto el Capítulo 9 (el cual comienza con los versículos que amonestan a los paganos), comienzan con la frase: “En el Nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordiosísimo”. Sin embargo, el número de repeticiones de esta frase en el Sagrado Corán es igual al número de capítulos, es decir, 114 veces, ya que en el capítulo 27 se menciona esta frase dos veces.

Es de hacer de notar que aunque una de las cosas atribuidas a Dios en el Islam es la ira (ghadab), su aplicación es mucho más limitada comparada con Su misericordia y amor por Sus criaturas. Realmente, Su ira es solamente para aquellos que deliberadamente no creyeron o cometieron malas acciones.

Ésta es una idea con la que están de acuerdo todos los musulmanes, y se expresa claramente en muchas fuentes. Me gustaría mencionar aquí solo una frase muy profunda. En una súplica muy famosa, Yaushan al-Kabir, se hace referencia a Dios como aquel “cuya misericordia ha precedido a Su ira”.

Como veremos más adelante, esta ira o cólera es también producto de Su amor y misericordia. Si Su amor o misericordia no existieran Él no se interesaría en lo absoluto. Es como un padre que se enoja con su hijo cuando hace algo malo. Esto es porque él se preocupa y cuida de su hijo y de toda su familia, porque quiere que su hijo corrija su comportamiento y da una lección para que otros niños no imiten ese mal acto.

Dios tiene diferentes niveles o grados de amor por Sus criaturas. Uno es Su amor general y abarcador que incluye a todos los seres. Si no existiera tal amor nada hubiese sido creado.

Este amor incluye incluso a los que obran mal, ya que también manifiestan o representan algunos niveles de bondad en su esencia y éste es ese aspecto de su ser que es amado por Dios, aunque podría ser dominado por el aspecto malévolo de su personalidad y por lo tanto finalmente pueden ser odiados.

Un nivel más elevado del amor Divino es Su amor por los verdaderos creyentes, aquellos que creen en Él y realizan buenas acciones. Esas son las personas “a quienes (Dios) ama y Le aman” (Corán, 5:54).

En el Corán, encontramos que Dios ama a “los justos” (Corán, 5:42; 8:60, 9:49); a “aquellos que ansían purificarse” (Corán, 9:108); a “los piadosos” (Corán, 3:76; 9:4; 9:7); a “los benefactores” (2:195; 3:134; 3:148; 5:13; 5:93); a “aquellos que confían en Él” (Corán 4:35); a “los pacientes” (Corán, 3:146) y “a aquellos que se arrepienten y se purifican” (Corán, 2: 222).

Vale la pena mencionar que en muchos casos en el Corán se describe el desagrado de Dios, no por medio de enfocarse en Su odio, sino más bien indirectamente por frases tales como

“Dios no ama a ningún desagradecido (o incrédulo) pecador” (Corán, 2:276);

“Dios no ama a los injustos (Corán, 3:57; 3:140);

“ciertamente que Dios no ama a los presuntuosos, soberbios” (Corán 4:36) y

“ciertamente que Dios no ama al pérfido, pecador” (Corán, 4:107).

4. El Amor de Dios por los Seres Humanos Perfectos

Según el Islam, el nivel más elevado del amor Divino por cualquier criatura es Su amor por los seres humanos perfectos tales como los profetas. El Profeta Muhammad ocupa un lugar muy especial al respecto. Uno de sus mejores apelativos es Habib-ullah, lo cual significa “el amado de Dios”. En un dicho Divino muy famoso Dios se dirige al Profeta diciendo: “Si no hubiese sido por ti, Yo no habría creado los cielos”.

Como S. H. Nasr y muchos otros han indicado, “las personas santas de entre los musulmanes por siglos han visto en el amor de Dios por el Profeta, y en su amor por Dios, el prototipo de todo el amor entre el hombre y su Creador”7.

5. El Amor Humano

Similar a lo que vimos anteriormente en el caso del amor Divino, el amor humano por Dios, por Su creación, por las buenas acciones, y por cada ser humano representa un papel crucial en la cosmovisión islámica, especialmente en la teología, el misticismo y la ética.

En efecto, el amor por las verdades materializadas en la religión conforma la fe. Aunque para los teólogos musulmanes, la fe está basada en el conocimiento de los hechos religiosos, no se reduce a ese conocimiento. Hay gente que tiene conocimiento de los hechos religiosos pero que aún así no se compromete con ninguna fe. La fe y la creencia solamente llegan cuando una persona voluntariamente se compromete a aceptar los artículos de fe y no se rehúsa a seguirlos.

En otras palabras, la fe está allí solamente cuando uno ama las creencias religiosas y no solamente cuando uno llega a conocerlas. Dice el Corán:

“Y los negaron (a los signos o milagros divinos), por iniquidad y arrogancia, aunque estaban persuadidos de ello” (27: 14).

El prototipo de aquellos que conocen muy bien pero se rehúsan a practicar lo que conocen es igual al caso de Iblis, el gran Satán. Según las fuentes islámicas, Iblis hace todo lo que hace por arrogancia y egoísmo, no por ignorancia. De esta forma, una persona se convierte en un creyente solo cuando tiene respeto y amor por ciertas realidades, por ejemplo, los artículos de fe.

Leemos en una famoso hadiz que el Profeta Muhammad le preguntó a sus compañeros acerca de “el asidero más firme de la fe”. Sugirieron cosas diferentes, como la oración y el Hayy. Cuando no pudieron dar la respuesta apropiada, el Profeta les dijo: “El asidero más firme de la fe es amar por (la causa de) Dios y odiar por (la causa de) Dios, ser amigo de los amigos de Dios y renunciar a sus enemigos”8.

La misma idea es enfatizada por los Imames de la Casa del Profeta. Por ejemplo, Fudail ibn Iasar, un discípulo, le preguntó al Imam Sadiq si el amor y el odio se derivaban de la fe. El Imam contestó: “¿Es la fe algo más que el odio y el amor?”9. También se narra que el Imam Baqir dijo: “La fe es el amor y el amor es la fe”10.

Un estudio completo del Corán y las narraciones (hadices) muestra que en la visión islámica el amor, ya sea en su forma Divina o en la forma humana, pertenece a las cosas más valiosas solo en la medida que sean preciosas y valiosas. Primeramente el resultado es que los grados de amor que merecen o reciben las cosas difieren según sus méritos, y en segundo lugar, que todo lo que está en conflicto con aquellas cosas preciosas y valiosas o previenen su realización deben ser odiadas.

Por ejemplo, si la justicia debe ser amada, la injusticia debe ser odiada; o si una persona que dice la verdad debe ser amada, una persona que miente debería ser odiada. Por supuesto, con respecto a los otros aspectos de su carácter y sus acciones la situación puede ser diferente. Una misma persona puede ser amada o alabada por algo y al mismo tiempo puede ser odiada y culpada por otra cosa.

A diferencia de otras creencias, un aspecto del amor en el Islam es que generalmente va a la par con el hecho de “aborrecer (el mal) por la causa de Dios”. Uno debe amar por la causa de Dios y aborrecer por la causa de Dios. Existe una tendencia entre algunas personas a pensar que no debería existir el odio en lo absoluto. Éstas personas suponen que la excelencia y la nobleza del carácter y “ser sociable” consiste en tener a todo el mundo de amigo.

En efecto, el Islam recomienda a los musulmanes amar a la gente y exhorta a la compasión y las relaciones sinceras con ellos, inclusive si no creen en el Islam o en Dios. Sin embargo, no es factible para una persona que tiene principios en su vida y que ha dedicado su vida a alcanzar valores sagrados, pueda ser indiferente al mal, a las acciones injustas y opresoras de los malhechores y hacer amistad con todo el mundo.

Ciertamente que tal persona tendrá algunos enemigos. Siempre hay gente buena y gente mala en la sociedad. Hay gente justa y gente déspota. El bien y el mal son dos polos opuestos. La atracción hacia el bien no es posible sin la repulsión del mal.

Cuando dos seres humanos se atraen uno al otro y desean ser amigos, debemos buscar una razón para ello. La razón no es otra cosa que la semejanza y el parecido. A menos que exista semejanza entre estas dos personas, no pueden atraerse el uno al otro y dirigirse hacia una amistad mutua.

Rumi en su Maznavi menciona dos bellas historias que ilustran este hecho. Una historia es que una vez un médico griego, sabio y famoso, le pidió a sus discípulos que le dieran una medicina específica. Sus discípulos se sorprendieron mucho, y dijeron: “¡Oh maestro! Esta medicina es para el tratamiento de la locura, y tú eres la persona más sabia que hemos conocido”.

El maestro contestó: “Cuando venía hacia acá conocí a un loco. Cuando me vio se detuvo y sonrió. Ahora, temo que él haya encontrado alguna semejanza entre él y yo; de otra manera no se habría alegrado al verme”.

La otra historia narra que otro sabio vio un cuervo que había desarrollado afecto por una cigüeña, se sentaban y volaban juntos. El sabio no podía entender cómo dos pájaros de dos especies totalmente diferentes que no se parecían en nada, ni en forma ni color, pudieran ser amigos. Se acercó y descubrió que ambos tenían una sola extremidad.

Ese sabio dijo:

“Vi compañía
Entre un cuervo y una cigüeña.
Sorprendido quedé, examiné su condición
Para ver si encontraba algo en común
Mire por todas partes y ¡he aquí!
Vi que ambos eran cojos”.

En el Islam, se ha hecho mucho énfasis en la necesidad de promover la hermandad y la amistad con la gente de fe y la gente de buena voluntad, y al mismo tiempo combatir el mal, la corrupción y a los opresores. Por supuesto, en el Islam el amor es universal y el Profeta del Islam no fue enviado “sino como misericordia para el universo” (Corán 21:107).

Por lo tanto, inclusive luchar en contra de aquellos que hacen el mal y propagan la injusticia debe hacerse por amor. E incluso se puede decir de un asesino como Hitler que combatirlo, castigarlo, y si es necesario, destruirlo es un acto de amor genuino por toda la humanidad. De lo contrario, cometería más crímenes y se degradaría él mismo más y más y sufriría castigos más severos en este mundo y en la otra vida.

Hay una historia muy hermosa en la cual se narra que una vez un gobernante opresor le pidió a una persona piadosa que orara por él. En respuesta, esa persona piadosa le pidió a Dios que no le permitiera vivir más. Ese opresor se sorprendió y dijo: “¡Te pedí que oraras por mí y no en contra mía!”.

El hombre contestó: “Esto es exactamente lo que hice. Es mucho mejor para ti, y por supuesto, para la gente también, que tu vida se acorte. Entonces tendrás menos oportunidad de añadir más a tus crímenes y la gente tendrá más oportunidad de estar tranquila”.

Un amor racional e inteligente es aquel que implica el bien y el interés de la humanidad y no de un número limitado de personas. Uno puede realizar muchas cosas para hacer el bien a individuos o grupos, lo cual traería el mal a la sociedad o a toda la humanidad.

Por ejemplo, si un juez libera a un criminal puede haberle hecho un bien a esa persona, pero a la vez se le ha hecho un gran mal a la sociedad y al ideal de la justicia. Uno no debe permitir que los afectos personales oculten la verdad. Si nuestro amado hijo necesita una inyección o una operación no debemos dejar que nuestro amor por él evite que se le dé el tratamiento médico por temor a que sufra.

Según el Islam, el amor debe ser sublime. El amor Sagrado es un amor que es realista y racional. Ha sido un tema común en la enseñanza ética de los grandes predicadores islámicos y de los maestros sufís el que uno no debe dejar que el amor por algo o alguien lo vuelva negligente ante la verdad.

La razón de esto es que el amor tiende naturalmente a volver “ciego y sordo” al que ama. Si tú amas a alguien es poco probable que tengas un punto de vista imparcial, a menos que el amor esté dirigido por la razón. Por esto, hasta los musulmanes sufís tratan de no ser dominados por el amor.

Siray ad-Din dice: “El sufí no tiene otra opción sino estar atento, observar y discernir, colocar todo en el lugar adecuado, y darle a cada cosa lo que le corresponde... es en virtud de esta perspectiva que el Sufismo es una forma de conocimiento más que una forma de amor. Como tal, tiende a repudiar las parcialidades que necesariamente condona, e inclusive exhorta, la perspectiva del amor”11.

6. El Amor Humano por Dios

Según el Islam, la mínima expectativa de los creyentes es que Dios debe ocupar el primer lugar en su corazón, en el sentido de que ningún otro amor puede estar por encima del amor de uno por Dios; Dios debe ser el principal y más elevado objeto de amor.

El Corán dice:

“Diles: Si vuestros padres, vuestros hijos, vuestros hermanos, vuestras esposas, vuestros parientes, la hacienda que hayáis adquirido, el comercio cuya ruina temáis y las moradas en que os solazáis os son más queridos que Dios y su Enviado y la lucha por Su causa, aguardad hasta que Dios venga a cumplir su designio; porque Dios no ilumina a los malvados” (Corán, 9:24).

Este versículo indica claramente que el amor por Dios tiene que ser superior al amor por cualquier otra cosa que uno ame en esta vida. Esta superioridad se muestra cuando el amor por Dios y por Su religión entra en conflicto con el amor por las pertenencias personales. En este caso, un creyente debe ser capaz de sacrificar sus cosas personales favoritas por la causa de Dios.

Por ejemplo, si Dios nos pide que demos nuestras vidas para proteger vidas inocentes, nuestra integridad territorial o algo similar, no debemos dejar que nuestro amor por la vida fácil o por la familia, etc., nos impida luchar por Su Causa.

Por lo tanto, un creyente no es una persona que solamente ama a Dios. Un creyente es una persona cuyo amor por Dios es el amor más fuerte y más sublime que posee. En otra parte, dice el Corán:

“Sin embargo, entre los humanos hay quienes adoptan pariguales en vez de Dios, a los que aman como se ama a Dios, mientras los verdaderos creyentes aman más fervorosamente a Dios…” (Corán, 2:165).

¿Por qué debe uno amar a Dios? Según el Islam, una razón para amar a Dios yace en el hecho de que Dios es lo más precioso, lo más perfecto y el más hermoso ser que un hombre puede concebir, y por lo tanto, el hombre, debido a que su naturaleza aspira a la belleza y la perfección, ama a Dios.

Muchos sabios musulmanes, especialmente místicos, han afirmado que todo el mundo siente en su corazón un gran amor por Dios sin necesariamente ser conscientes de eso. Ellos exponen que hasta los incrédulos, quienes solo buscan objetivos o ideales seculares, aman y adoran a Dios en lo que ellos toman como ‘el bien supremo’.

Por ejemplo, aquellos que quieren tener poder, quieren tener el poder supremo. Llegar a ser alcalde o presidente nunca los satisfará. Inclusive si tuvieran el control de todo el mundo pensarían en cómo llegar a dominar otros planetas. Nada en el mundo puede saciar sus corazones. Tan pronto como las personas alcanzan sus ideales, comprenden que no es suficiente y buscan más.

Los místicos islámicos, tales como Ibn Arabi, inspirados por el Corán, creen que la razón detrás de este fenómeno es que todo el mundo, de hecho, busca el bien supremo, es decir, Dios. El Corán dice:

“¡Oh humano!, por cierto que te esfuerzas afanosamente (por comparecer) ante tu Señor; ¡Ya le encontrarás!” (Corán, 84:6).

Sin embargo, la verdad es que mucha gente se equivoca y no reconocen cual es en realidad el bien supremo. Algunos pueden tomar al dinero como el bien supremo o, en otras palabras, como su dios. Otros pueden tomar al poder político como su dios, y así sucesivamente. El Corán dice:

“¿Qué te parece quien a divinizado su pasión?” (Corán, 25:43).

Si sucede que ellos alcancen lo que han establecido como su ideal, entonces su amor innato por Dios, el bien supremo, quedará sin ser respondido y por lo tanto serán infelices y estarán frustrados.

Ibn Arabi dice: “Nadie más que Dios ha sido amado. Es Dios quien Se ha manifestado Él Mismo en todo lo que es amado a los ojos de aquellos que ama. No existe un ser que no ame. Es por eso, que todo el universo ama y es amado y todos éstos vuelven a Él así como nada ha sido adorado más que Él, ya que todo lo que un siervo (de Dios) ha adorado ha sido a causa del concepto erróneo que tiene de la deidad; de otra forma nunca habría sido adorado”.

“Dios, el Más Elevado, dice: “Tu señor ha decretado que no debéis adorar sino a Él” (Corán, 17:23). Así mismo es el caso del amor. Nadie ha amado otra cosa aparte de su Creador. Sin embargo, Él, el más Sublime, Se ha escondido de ellos detrás del amor por Zainab, Su‘ad, Hind, Layla, dunia (este mundo), el dinero, la posición social y otros aspectos que son amados en el universo”12.

Ibn Arabi añade que: “Los místicos nunca han escuchado un poema o alabanza o algo similar que no sea acerca de Él (y Le vieron) más allá de los velos”13.

La otra razón para amar a Dios es corresponder a Su amor y a Sus bendiciones. Existe una literatura muy rica en las fuentes islámicas sobre los aspectos y manifestaciones diferentes del amor y favor de Dios por todos los seres humanos, incluyendo, de una forma, a los malhechores y aquellos que Lo negaron. Los seres humanos aman a quienes les hacen el bien y aprecian tal favor y benevolencia y se sienten obligados a ser agradecidos.

Dijo el Profeta: “Ama a Dios porque Él te ha hecho bien y Él te ha concedido favores”14.

Según los hadices islámicos, Dios le dijo tanto a Moisés como a David: “Ámame y gana para Mí la simpatía de Mi pueblo”15. Entonces, en respuesta a la pregunta de Moisés y David, de cómo hacer que Dios se gane la simpatía del pueblo, Dios dice: “Recordadles los favores y bondades que les he concedido, porque no recuerdan Mis favores sin el sentimiento de gratitud”16.

En una súplica mística, conocida como el ‘Susurro del Agradecido’, el Imam Sayyad dice:

“¡Dios mío, el flujo incesante de Tu gracia me ha distraído del hecho de agradecerte!

¡El flujo de Tu bondad me ha dejado incapaz de contar Tus alabanzas!

¡La continuidad de Tus actos de bondad me ha distraído y no te he mencionado en alabanza!

¡El continuo torrente de Tus beneficios me ha impedido propagar la noticia de Tus amables favores!”.

Luego añade:
“¡Dios mío, mi agradecimiento es pequeño ante Tus grandes ayudas, y mi alabanza y propagación de esa noticia se empequeñecen ante Tu generosidad hacia mí!

¡Tus favores me han arropado en las vestiduras de las luces de la fe, y la gentileza de Tu bondad ha derramado sobre mí delicadas cortinas de poder!

¡Tu amabilidad me ha cubierto de collares que no se pueden quitar y me ha adornado con grilletes que no se pueden romper!

¡Tus ayudas son abundantes, mi lengua es muy débil para contarlas!

¡Tus favores son demasiados, mi razón se queda corta para entenderlas, qué decir de agotarlas!

Entonces, ¿cómo puedo alcanzar el agradecimiento?”17.

Un creyente que ha iniciado su viaje espiritual hacia Dios primero llega a reconocer las bendiciones de Dios para con él en el hecho de que Dios lo está proveyendo de mucha ayuda y apoyo que le permite actuar. Después de continuar con su viaje y equiparse con una visión mística del mundo, entenderá que realmente todo bien proviene de Dios.

Leemos en el Sagrado Corán:

“Lo bueno que te sucede viene de Dios. Lo malo que te sucede viene de ti mismo” (Corán, 4:79).

No hay razón para pensar de otra forma. La razón para ocasionar sufrimiento injusto puede ser una de las siguientes o una combinación de ellas:
Falta de poder: Una persona que oprime a otras lo hace porque quiere obtener algo de ellas, o porque no puede contenerse de hacer daño a otros.

Falta de conocimiento: Una persona puede tener buenas intenciones de benevolencia, pero debido a la falta de información o por sacar conclusiones erróneas puede hacer algo que lastima al receptor.

El odio y la malevolencia: Una persona puede ser capaz de realizar buenas acciones y también puede saber cómo hacerlas, pero aún así fracasa, porque no es lo suficientemente capaz de hacerlo, o lo que es peor, porque odia al receptor y quiere satisfacer su ira y furia ocasionándole dolor.

Los pensadores musulmanes argumentan que Dios nunca hace algo injusto o dañino a Sus siervos, puesto que no tiene ninguna de las razones anteriores para hacerlo: Él es Todopoderoso, es Omnisapiente y el Todo Misericordioso.

De esa forma, la imagen de Dios en el Islam es la imagen de alguien que es Amor, Misericordiosísimo, el Más Compasivo y el Más Benevolente; aquel que ama a Sus criaturas más de lo que ellas pueden amarlo a Él o amarse ellas mismas, aquel Cuya ira es por amor y precedida del amor.

Parece no haber diferencia entre los musulmanes en cuanto a creer que Dios es amor, aunque puede variar el grado de énfasis que hagan sobre este aspecto de la cosmovisión islámica comparado con otros. En general puede decirse que los místicos musulmanes y los sufís están más interesados en este aspecto del Islam que los filósofos musulmanes, y éstos a su vez más interesados que los teólogos.

Pero, como mencionamos antes, no hay desacuerdo cuando se ve a Dios como Aquel que es Amor, el Más Misericordioso y el más Compasivo. Leemos en el Corán que en respuesta a la petición de Moisés por el bienestar en este mundo y en el próximo, dice Dios:

“Inflijo Mi castigo a quien quiero, pero Mi misericordia es Omnímoda” (Corán, 7:156).

Encontramos en el Corán que un grupo de ángeles que sostienen el Trono Divino dicen:

“¡Oh, Señor nuestro! ¡Tú que lo abarcas todo en Tu misericordia y Tu ciencia, perdona, pues, a los arrepentidos que siguen Tu senda, y presérvales del suplicio de la hoguera!” (Corán, 40:7).

Aunque el amor de Dios no es arbitrario y puede variar de un sujeto a otro, dependiendo de sus meritos, él ama a todas las criaturas. Su amor por los malhechores y aquellos que le han dado la espalda es tan grande que sobrepasa completamente sus expectativas. El énfasis sobre este aspecto del amor Divino constituye una parte considerable de la literatura islámica, incluyendo los versículos coránicos, hadices y hasta los poemas.

Por ejemplo, en el Corán podemos leer lo siguiente:

“Di: Siervos que habéis prevaricado en detrimento propio. No desesperéis de la misericordia de Dios; Dios perdona todos los pecados. Él es Indulgente, el Misericordioso” (Corán, 39:53).

La idea del arrepentimiento es uno de los conceptos claves al respecto. En muchos versículos del Corán, Dios habla de la constante posibilidad de arrepentirse y volverse a Él, puesto que Él es el Perdonador. Dios dice:

“En cambio, quien después de su iniquidad se arrepienta y se enmiende (sepa) que Dios le absolverá, porque Dios es Indulgentísimo, Misericordiosísimo” (Corán, 5:39).

El Corán también se refiere al hecho de que Dios no solamente perdona a aquellos que buscan el perdón, sino que también puede cambiar sus malas acciones por buenas acciones. Sobre aquellos que se arrepienten y creen y hacen buenas acciones, dice el Sagrado Corán:

“Salvo quienes se arrepientan, crean y practiquen el bien, Dios les permutará sus malas acciones en buenas, porque Dios es Indulgentísimo, Misericordiosísimo” (Corán, 25:70).

Es interesante que en el Corán Dios no sea presentado solo como aquel que acepta el arrepentimiento sincero de sus siervos y se vuelve a ellos cuando ellos se vuelven a Él. En realidad es Dios mismo quien primero atiende a Sus siervos que han roto, de una u otra forma, sus relaciones de servidumbre con Dios, sin embargo, aun tienen amor por la bondad y la verdad en sus corazones (es decir, sus corazones no están sellados).

Dios retorna hacia esos siervos y luego ellos se arrepienten y vuelven a Él, y luego Dios vuelve a ellos para perdonarlos. Por lo tanto, como lo dice Allamah Tabatabai, el autor de Al-Mizan, una interpretación del Corán de 20 volúmenes:

“Todo arrepentimiento y retorno de un siervo desviado está acompañado de dos retornos de Dios: el primero le da a la persona la capacidad del arrepentimiento voluntario y el segundo es Su perdón después de que la persona se ha arrepentido”.

El hecho se sugiere claramente en el Corán:

“… y se persuadieron de que no tenían más amparo que Dios. Y Él les absolvió a fin de que se arrepintiesen; porque Dios es Remisorio, Misericordiosísimo” (Corán, 9:118).

Según el misticismo islámico, el conocimiento de uno acerca de Dios como el ser más perfecto y más hermoso y la fuente de todo lo bueno, y el amor por Dios quien es Amor y Misericordia, se hace tan fuerte y tan circundante que ocupará todo nuestro corazón. Al mismo tiempo, el conocimiento de las debilidades y las deficiencias propias ante Dios se hace tan intenso y tan profundo que finalmente uno sentirá el vacío y la nada.

Puesto que tal persona pierde su egocentrismo y se convierte en alguien desinteresado, se identificará con todo tipo de bondad. Desde la nada, uno alcanza la posición del todo... No sentirá limitación o restricción. En un hadiz famoso, leemos que “La sumisión ante Dios es una sustancia, cuya esencia es la potestad” (Shomalí, 1996, pág. 32). Un verdadero siervo de Dios cuya voluntad está fusionada en Su voluntad es capaz de llevar a cabo acciones extraordinarias.

El Sheij Mahmud Shabistari en su Sa‘adat Nameh hace una hermosa descripción de lo que él toma como las diferentes etapas del viaje espiritual hacia Dios. Él dice:

El servicio y la adoración a Dios
es una orden del Misericordioso
Para todas las criaturas:
el hombre y los genios por igual.

Y esta tarea debe ser cumplida
El más electo, como lo ha dicho Dios:
“No he creado a los genios y a los hombres sino para que me adoren” (Corán, 51:56).

A través de la adoración
el hombre es conducido a la oración;
desde la oración hacia el pensamiento místico,
y luego desde el pensamiento

La llama de la gnosis se enciende, hasta que ve
la verdad con el ojo interior de la contemplación.
Esa sabiduría surge de un amor (o bondad) altruista.

Lo último es su fruto, lo primero es la rama.
Al final llega el Amor el cual expulsa a todo lo demás:

El Amor deshace todo sentido de “dos”,
El Amor hace todo “Uno”,
Hasta que ningún “mío”
Ni “tuyo” permanezca18.

Sohrawardi en “Sobre la Realidad del Amor”, explica su visión acerca del viaje espiritual. Él cree que este viaje y sus etapas y estaciones surgen de la virtud (husn), el amor (mihr) y la tristeza reflexiva (huzn). Él relaciona la virtud con el conocimiento de Dios y el amor con el conocimiento del propio ser. La tristeza es el resultado del conocimiento de lo que no fue y luego fue.

Sohrawardi cree que el conocimiento del yo lleva al descubrimiento de que el yo es divino y esto tiene como consecuencia amar a Dios y tener experiencias místicas. En realidad es una idea coránica la cual es muy claramente enfatizada por la Sunnah, que existe una relación necesaria entre el conocimiento de uno mismo y el conocimiento de nuestro Dios.

Por ejemplo, el Profeta Muhammad dijo: “Quien se conoce a sí mismo ha conocido a su Señor”19. Sohrawardi cree que la tristeza es causada por reflexionar en el orden creado, lo que significa la separación del hombre y su partida de su morada original20.

Según el Islam, el amor por Dios es muy activo y se manifiesta en todos los aspectos de nuestra vida. Le da forma a todo nuestro amor y nuestro odio. También le da forma a nuestro comportamiento con los demás y con nosotros mismos. En el famoso hadiz de nawafil (acciones buenas no obligatorias) leemos:

“Nada acerca más a mis Siervos a Mí que la realización de las acciones obligatorias, ‘wayibat’. Mi siervo se acerca a Mí constantemente por medio de las buenas acciones no obligatorias hasta que yo lo ame. Cuando lo ame, seré sus oídos con los cuales escucha, sus ojos con los cuales ve, su lengua con la cual habla, y sus manos con las cuales sostiene: Si Me llama, Yo le responderé, y si Me pide, Yo le daré”21.

Un amante sincero no tiene poder para desobedecer a la persona amada o rehusarse a sus deseos. El Imam Yafar Sadiq dijo: “¿Desobedeces a Dios y pretendes amarlo? ¡Esto es sorprendente! Si tú fueras veraz le obedecerías porque el que ama es sumiso ante aquel que ama”22.

Leemos en el Corán:

“¡Creyentes! Si uno de vosotros apostata de su fe... Dios suscitará un pueblo, al cual Él amará y por el cual será amado, humilde con los creyentes, altivo con los incrédulos, que luchará por Dios y que no temerá a la censura de nadie” (Corán 5:54).

La historia del Islam está llena de recuerdos de aquellos que corporeizaron un amor arrollador y sincero por Dios y Su religión. Uno de aquellos que se entregaron completamente en cuerpo y alma al Islam fue Bilal al-Habashi, un esclavo negro. Los paganos de La Meca lo sometieron a torturas pidiéndole que mencionara los nombres de sus ídolos y expresara su creencia en ellos y su incredulidad en el Islam.

Lo torturaron bajo el sol ardiente colocando grandes piedras calientes sobre su pecho. Abu Bakr, un compañero rico del Profeta, pasaba en ese momento cuando escuchó el grito de Bilal. Se acercó y le aconsejó que ocultara su creencia, pero Bilal no quiso hacerlo, ya que “su amor era un amor rebelde y a muerte”. Ilustrando este suceso, Rumi dice:

Bilal entregó su cuerpo al tormento:
Su amo lo azotaba para corregirlo, diciendo:
“¿Por qué alabas a Ahmad [uno de los nombres del Profeta]
Maldito esclavo, ¡reniegas de mi religión!?”

Él amo lo estaba azotando bajo el sol
[Mientras] él gritaba orgullosamente: “¡Uno!”
Hasta que, cuando pasaba por ahí Siddiq [Abu Bakr],
Aquellos gritos de “¡Uno!” llegaron a sus oídos.

Luego lo vio en privado, y le aconsejó:
“¡Oculta tu creencia!”.
Pero Bilal siguió proclamando
y entregó su cuerpo a la tribulación,

Gritando: “¡O Muhammad!

¡Oh tú de quien está lleno mi cuerpo y todas mis venas!
¿Cómo puede haber lugar para arrepentirme de ello?
En lo sucesivo sacaré el arrepentimiento de este corazón
¿Cómo puedo arrepentirme de la vida eterna?

El amor es el Subyugador
y he sido avasallado por el Amor.
Por la ceguera del Amor he brillado como el sol.

¡Oh viento salvaje, ante Ti soy una brizna!:
¿Cómo puedo saber dónde iré a caer?
Ya sea que yo sea Bilal o la luna nueva,
estoy recorriendo y siguiendo el curso de Tu sol.

¿Qué tiene que ver la luna con la fortaleza o la debilidad?
Ella corre tras los talones del sol, como una sombra.

Los amantes han caído en un torrente feroz:
Han colocado sus corazones bajo el reglamento del Amor.
Son como las piedras de molino que giran y giran
Día y noche, y se lamentan incesantemente23.

7. El Amor Humano por el Prójimo

Se espera que un creyente que ama a Dios ame al pueblo de Dios y sea bondadoso con ellos. Dijo el Profeta: “¡Oh siervo de Dios!, deja que tu amor y tu odio sean por Dios, porque nadie puede alcanzar la wilaiah (autoridad) de Dios sin eso, y nadie hallará el sabor de la fe sin eso, aunque sus oraciones y ayunos sean abundantes”24. Si el amor y el odio de uno son solamente por Dios, sería imposible no amar a Su pueblo.

Sobre la necesidad de amor por la gente, vemos que el Corán alaba a aquellos miembros de la Casa del Profeta que ayunaron durante tres días y dieron cada día el escaso alimento que tenían para romper el ayuno, sucesivamente a un pobre, a un huérfano y a un prisionero: “Que por amor a Dios alimentan al menesteroso, al huérfano y al cautivo (8), (diciendo): “Ciertamente, os alimentamos por amor a Dios; no os exigimos recompensa ni gratitud (9)” (Corán, 76:8-9).

Hay un hadiz muy famoso narrado en diversas fuentes sobre que el Profeta dijo: “Toda la gente es familia de Dios, por lo tanto la gente más apreciada por Él son aquellos que le hacen el mayor bien posible a Su familia”25.

Según un hadiz, que es similar al que se menciona en el Nuevo Testamento (Mateo, 25:31-46), en el Día del Juicio, Dios preguntará a algunas personas por qué no lo visitaron cuando estaba enfermo, por qué no lo alimentaron cuando tenía hambre, y por qué no le dieron agua cuando estaba sediento.

Estas personas preguntarán: ¿Cómo puede ser posible que esto haya sucedido, puesto que Tú eres el Señor del universo? Entonces Dios responderá: Tal persona estaba enferma y no la visitaste, tal persona estaba con hambre y no la alimentaste, y tal persona tenía sed y no le diste de beber. ¿No sabías que si hacías eso Me hallarías junto a ella?26

De esta forma, en el Islam, el amor representa un papel esencial en la ética, el misticismo, la teología y hasta la filosofía. Para bosquejar un esquema islámico del mundo, incluyendo la historia de la creación del universo y la humanidad y luego el trato hacia la humanidad de Dios, uno siempre necesita invocar la noción del amor. Dios Mismo es amor y ha creado al mundo por amor. Él trata a los seres humanos con amor.

La fe también comienza con amor, un amor intenso por ciertas verdades, y se requiere que florezca alimentándolo hasta el punto en que el amor que uno tiene por Dios llene todo nuestro corazón y dirija todos los aspectos de nuestra vida. El amor por Dios puede incrementarse solamente cuando reduzcamos nuestro egoísmo, y si podemos finalmente deshacernos del egoísmo seremos unas personas perfectas cuya voluntad y placer sería la voluntad y placer de Dios.

El amor por Dios y la liberación de todo egoísmo puede asegurarse, al principio, sacrificándonos y abandonando nuestros deseos por la causa de Dios y Su pueblo, y luego, no teniendo otro deseo más que lo que Él desea y ninguna otra voluntad que no sea la Suya, entonces, por supuesto, no habrá sacrificio ni dolor. Las reglas éticas son directrices hacia este camino de amor, iluminado y orientado por las enseñanzas del intelecto y de los Profetas.

  • 1. Las referencias al Sagrado Corán corresponden a la edición comentada de Raúl González Bórnez, editado por el Centro de traducciones del Sagrado Corán; Qom; Irán; año 2008.
  • 2. Maylesi, 1983, Vol. 87, p. 344.
  • 3. Avicena, 1956, p. 369.
  • 4. Avicena, 1375, A.H., Vol.3, p. 359.
  • 5. Al-Shirazi, 1378, A.H., Vol.2, p. 274.
  • 6. Idea que es muy aceptada por los filósofos musulmanes y la mayoría de los teólogos, y conocida como la unidad de Su Esencia y Sus Atributos.
  • 7. Nasr, 1989, p. 321.
  • 8. Al-Kulaini, 1937 A.H., Kitab al-Iman wal Kufr, “Bab al-Hubb fi Al·lah wal Bughd fi Al·lah”, nº 6, p. 126.
  • 9. Ibíd., nº 5, p. 125.
  • 10. Al-Maylisi, 1983, Kitab al-Iman wal-Kufr, “Bab al-Hubb fi Al·lah wal Bughd fi Al·lah”, lxvi, p. 238.
  • 11. Siray ad-Din, 1989, p. 234.
  • 12. Ibn Arabi, 1994, Vol. 2, p. 326.
  • 13. Ibn Arabi, 1994, Vol. 2, p. 326.
  • 14. Al-Dailami, 1370 A.H., p. 226.
  • 15. Al-Maylisi, 1983, Vol. 8, p. 351 y Vol. 14, p. 38.
  • 16. Ibíd.
  • 17. Chittick, 1987, pp. 242 y 243.
  • 18. Citado de Lewisohn, 1995, pp. 231 y 232.
  • 19. Para profundizar en el conocimiento del yo (ma‘rifat an-nafs), Ver Shomalí, 1996.
  • 20. Ver, Razavi, 1997, especialmente p. 680.
  • 21. Al-Kulaini, 1397 A.H., Vol. 4, p. 54.
  • 22. Citado de Mutahhari, 1985, Cap. 6.
  • 23. Maznavi, Libro 1, traducido por Nicholson.
  • 24. Maylesi, 1983, Vol. 27, p. 54.
  • 25. Hemiari, 1417 A.H., p. 56.
  • 26. Por ejemplo, ver al-Hilli, 1982, p. 374.