La búsqueda de la guía divina
La primera cosa que un viajero espiritual tiene que hacer es investigar en diferentes religiones todo lo que pueda para llegar a conocer la unicidad y guía de Allah. Debería intentar adquirir por lo menos el conocimiento necesario para los propósitos prácticos. Habiendo llevado a cabo esta clase de investigación acerca de la unicidad de Allah y la profecía del Santo Profeta saldrá del dominio de la infidelidad y penetrará en el del islam y la fe menores.
Todos los juristas están de acuerdo en que la adquisición de este conocimiento es necesaria para toda persona en uso de razón y adulta para poder reconocer las creencias fundamentales sobre la base de las pruebas y los argumentos. Si una persona no puede obtener el grado requerido de satisfacción a pesar de todos sus esfuerzos, no debería desmoralizarse y debería pedir a Allah con humildad y su- misión para conseguirlo. Este es el método que según se relata siguieron el Profeta Idris y sus seguidores.
La súplica con humildad significa que el viajero espiritual ad- mite su debilidad y busca de todo corazón la dirección de Allah, Quien siempre ayuda a los que buscan sinceramente la Verdad. El Corán dice:
«Quienes se esfuerzan por Nosotros, ciertamente los guiaremos hacia nuestros senderos» (Corán, 29:69)
Recuerdo que cuando estaba en Nayaf recibiendo formación espiritual y moral del Hayyi Mirza ‘Ali Qadi, una mañana caí en un breve estado de trance mientras me encontraba sentado en la alfombrilla de oración en la terraza de la casa. Vi a dos personas sentadas delante de mí. Una de ellas era el Profeta Idris y la otra mi hermano Hayy Sayyid Muhammad Hasan Tabataba’i, quien reside en Tabriz. El Profeta Idris comenzó a hablar conmigo, pero de una forma tal que sus palabras salían de la boca de mi hermano. Él dijo: “Durante mi vida me encontré con muchos problemas complicados que parecían de difícil solución, y que sin embargo se resolvieron repentinamente. Parecía que eran resueltos por alguna mano sobre- natural del mundo invisible. Estos acontecimientos me revelaron por primera vez la relación entre este mundo natural y el mundo espiritual, y establecieron mi relación con lo que está más allá de este mundo”.
Sentí en ese momento que las tribulaciones a las que el Profeta Idris se refería eran las dificultades y aflicciones que él experimentó durante su infancia y juventud. Lo que quiero decir es que si alguien busca sinceramente la guía de Allah, Allah le ayudará. Cuando se busca la guía de Allah es de mucha utilidad recitar reiteradamente algunas aleyas o frases determinadas del Corán. Allah dice:
«¿No es acaso cierto que con el recuerdo de Allah se sosiegan los corazones» (Corán, 13-27).
La recitación continuada de Ya Fattahu (¡Oh Abridor!), Ya Dalil al-Mutahayyirin (¡Oh Guía de los perplejos!) también es efectiva. Por supuesto, la recitación tiene que hacerse con una total atención y concentración.
Un amigo mío cuenta que una vez iba de viaje desde Irán hacia Karbala’. Un joven imberbe y de apariencia occidentalizada estaba sentado cerca de él. No había tenido lugar ninguna conversación entre ellos. De pronto, el joven comenzó a llorar. Mi amigo estaba asombrado. Preguntó al joven qué le sucedía. Respondió: “Le contaré mi historia. Soy un ingeniero civil. Desde mi infancia fui educado de tal manera que me convertí en una persona irreligiosa. No creía en la creación ni en la resurrección, pero tenía un sentimiento de amor por la gente religiosa, ya fueran musulmanes, cristianos o judíos. Una noche me encontraba en una fiesta de mis amigos, la mayoría de los cuales eran baha’is1.
Durante unas horas todos participamos en los juegos, la música y el baile, pero después de un tiempo yo comencé a sentirme avergonzado de mí mismo y me subí a la planta superior y empecé a llorar. Dije: ¡Oh Dios que eres el único dios que hay! ¡Ayúdame! Al cabo de un momento bajé de nuevo. Al llegar el alba nos dispersamos. Por la noche, mientras iba a realizar una tarea técnica con el jefe del ferrocarril y algunos oficiales, de repente vi a un sayyid de faz resplandeciente que se dirigía hacia mí. Me saludó y me dijo que quería conversar conmigo. Le prometí que le vería a mediodía del día siguiente.
Cuando hubo partido, uno de mis acompañantes me reprochó haberme mostrado tan frío con un hombre santo. Respondí que había pensado que se trataba de algún necesitado que quería mi ayuda. Sucedió por casualidad que el jefe del ferrocarril me ordenó que a mediodía del día siguiente fuese a un determinado lugar para llevar a cabo sus instrucciones. La hora que me dijo coincidía exactamente con la que yo había dado al sabio religioso para encontrar- me con él. Me dije a mi mismo que ya no había ninguna posibilidad de poder ir a verle.
Al día siguiente al aproximarse la hora fijada comencé a sentirme mal. En un momento me subió la fiebre y fue necesario llamar a un doctor. Naturalmente, no pude acudir al trabajo que me habían encomendado. Pero tan pronto como se marchó el representante del jefe del ferrocarril, me sentí aliviado. Mi temperatura volvió a ser normal. Reflexioné sobre mi estado y me convencí de que el incidente poseía algún secreto.
Por consiguiente, me levanté de inmediato y fui al lugar de la cita con el sabio. En cuanto me senté con él comenzó a hablar de los principios fundamentales de la doctrina y demostró cada uno de ellos de una manera tan convincente que me hice creyente. Luego me dio algunas instrucciones y me pidió que volviera a verle nuevamente al día siguiente. Durante varios días estuve visitándole. Cada vez que estaba con él me contaba muchos detalles de mi vida privada que ninguna otra persona excepto yo conocía.
Mucho tiempo pasó de esta manera hasta que un día mis amigos me insistieron para que acudiera a una de sus fiestas. Allí me ví obligado a participar también en juegos de azar. Al día siguiente, cuando fui a visitar al sabio, éste, de repente, me dijo: ‘¿No sientes vergüenza? ¿Cómo es que cometiste una falta tan grave?’ De mis ojos fluyeron lágrimas. Reconocí el error y dije que lo sentía. Él dijo: ‘Toma un baño ritual como muestra de arrepentimiento y no vuelvas a hacer una cosa así’. Luego me dio otras instrucciones. De esta manera cambió el curso de mi vida y mi forma de vivir. Todo sucedió en Zanyan. Más tarde, cuando iba a ir a Teherán me pidió que visitase a algunos ulemas allí. Al final me dijo que fuese en peregrinación a los santos lugares. Y ahora me encuentro en ese viaje que él me pidió que hiciera”.
Mi amigo dijo: “Cuando nos aproximamos al Iraq vi que el joven volvía a llorar. Al preguntarle el motivo me respondió: ‘Pare- ce que hemos entrado en la tierra del Iraq, porque Abu ‘Abd Allah (el Imam Husayn) me ha dado la bienvenida’”.
Hemos narrado esta historia para demostrar que quienquiera que busque sinceramente la guía de Allah por fuerza obtendrá el éxito en su objetivo. Incluso si es escéptico respecto a la Unicidad Divina, recibirá la guía.
Después de haber completado con éxito esta etapa, el viajero espiritual debería esforzarse para alcanzar el Islam y la Fe mayores. Con respecto a esto, lo primero que hay que hacer es conocer las normas de la ley islámica (Shari’ah). Este conocimiento debe- ría obtenerse de un jurista (faqih) competente. Después de adquirir el conocimiento de la ley tiene que ponerlo en práctica. En la práctica, también, tiene que perseverar hasta que su convicción y gnosis aumenten gradualmente, porque el conocimiento es el mejor incentivo para la acción y la acción engendra convicción. Si una persona está convencida de la autenticidad de su conocimiento, por fuerza actuará conforme a él. Si no lo hace ello significa que no está con- vencida de la exactitud de lo que conoce, y que su conocimiento y creencias no son nada más que una fantasía pintada por la ingeniosa facultad de su imaginación.
Por ejemplo, si uno está seguro de la absoluta Providencia de Allah, jamás se matará a sí mismo obteniendo los medios de su subsistencia. Estará satisfecho con lo que los mandatos islámicos le permiten e intentará ganar con sosegada felicidad lo que es necesario para él y su familia. Pero si un hombre está siempre en un estado de angustia y agitación por su sustento, ello significa que no cree en la Providencia absoluta de Allah o que piensa que está condicionada a que se esfuerce al máximo o a ganar dinero o cobrar un salario, etc... Eso es lo que quiere decir que la acción es el resultado y el producto del conocimiento.
Para dar un ejemplo de conocimiento resultante de la acción, si una persona dice desde lo más profundo de su corazón: ¡Glorificado sea mi Señor exaltado, y Su alabanza entono!, percibirá su propia impotencia y humildad y es evidente que la impotencia y humildad no pueden existir sin la exaltación: el impotente y humilde siempre contrastará con el exaltado y majestuoso. Por consiguiente, tendrá que percibir inevitablemente la estación de la Majestad Absoluta. Entonces comprenderá que esta Majestad está acompañada de Conocimiento y Poder. Por lo tanto, a partir de una acción pequeña, como es este dhikr recitado en la prosternación, uno puede descubrir el poder y conocimiento absolutos de Allah, Bendito y Exalta- do sea2. Este es el sentido de que el conocimiento es el producto de la acción, y a esto se refieren las palabras de Allah Todopoderoso:
«...(Allah) exalta las nobles acciones» (Corán, 35:10)
Es necesario que el viajero espiritual se esfuerce al máximo para atenerse a lo que es obligatorio y abstenerse de todo lo prohibido (muharramat), porque el incumplimiento de los deberes obligatorios y la comisión de actos ilícitos es algo absolutamente contrario al espíritu del viaje espiritual. Todos los esfuerzos del viajero espiritual son beneficiosos cuando se observan estos dos asuntos. Si no, de la misma manera que el oro, los adornos y ornamentos son inútiles en un cuerpo portador de inmundicia, así también la realización de actos supererogatorios y austeridades prescritos por la Shari’ah carece de beneficio para un corazón y alma impuros. También, uno tiene que poner todo el cuidado en evitar los actos censurables (makruhat) y realizar los recomendables, porque de ellos depende alcanzar el Islam y la fe mayores. Hay que recordar que cada acción tiene una propiedad especial que le es exclusiva y que contribuye al perfeccionamiento de la fe. La siguiente tradición relatada por Muhammad ibn Muslim se refiere a este punto:
“La fe no puede existir sin la acción, porque las acciones son parte esencial de le fe. La fe no puede establecerse firmemente sin (buenas) acciones”.
Por consiguiente, el viajero espiritual tiene que realizar cada acto recomendable por lo menos una vez, para así poder obtener esa parte de la fe que depende de la realización de ese acto particular. El Imam ‘Ali ha dicho que son las acciones las que producen una fe perfecta. Por lo tanto, es necesario que el viajero espiritual no pase por alto las obras recomendables mientras avanza hacia el estadio de la fe mayor, porque su fe será incompleta en proporción a su falta de interés en la realización de buenas acciones. Si un aspirante espiritual purifica su lengua y otros órganos, pero cuando se trata de hacer donación de dinero se muestra negligente de su obligación, su fe no será perfecta. Cada órgano corporal tiene que obtener la parte de fe que con él se relaciona. El corazón, que es el jefe de todos los órganos, debería mantenerse ocupado con el re- cuerdo (dhikr) de los nombres y atributos de Allah y la reflexión (fikr) sobre los signos Divinos que se manifiestan en los hombres y el universo. De esta manera es como el corazón del hombre se empapa del espíritu de la fe. El Corán dice:
«¿No es acaso cierto que con el recuerdo de Allah se sosiegan los corazones» (Corán, 13I:27)
Cuando cada órgano ha obtenido su porción correspondiente de la fe el aspirante debería intensificar su esfuerzo espiritual y penetrar en el dominio de la certeza y la convicción, completando los estadios del Islam y la fe mayores.
«Aquellos que creen y no mezclan su fe con la iniquidad, para ellos hay seguridad y ellos son los (rectamente) guiados» (Corán, 6:83)
Como consecuencia de la realización de prácticas espirituales, el viajero no solamente se encontrará situado en el sendero recto, sino que también quedará a salvo de los asaltos de Satanás.
«¿No es acaso cierto que los amigos (awliya’) de Allah jamás serán presa de temor ni se afligirán?» (Corán, 10:62)
Temor significa aprensión de un peligro o un daño inminente que provoca preocupación y alarma. Aflicción significa angustia y pena causadas por el acontecimiento de algo malo o desagradable. El viajero espiritual no tiene ni aprensión ni pena porque confía todos sus asuntos a Allah. No tiene más objetivo que Allah. Esas personas cuando penetran en el dominio de la certeza han sido des- critas por Allah como Sus amigos. El Imam ‘Ali aludía a este esta- dio cuando dijo:
“Él ve el sendero de Allah, camina en Su senda, conoce Sus signos y cruza los obstáculos. Está en un estado de certeza tal que parece como si viera todas las cosas por la luz del sol”
El Imam ‘Ali también ha dicho:
“El conocimiento les ha dado una verdadera intuición, se han empapado del espíritu de convicción, consideran fácil lo que la gente que vive en el lujo y la comodidad considera difícil, están familiarizados con aquello hacia lo que el ignorante siente aversión, sus cuerpos están en el mundo pero sus espíritus están en los cielos”.
En este estadio se le abren al aspirante las puertas de la revelación y visión gnósticas (kashf wa shuhud)
Evidentemente no hay contradicción alguna entre atravesar estos estadios y que el viajero espiritual esté ocupado con sus necesidades básicas del mundo. Su experiencia interior no tiene nada que ver con sus actividades exteriores tales como el matrimonio, el ejercicio de su profesión o estar dedicado al comercio o la agricultura. El viajero espiritual vive con su cuerpo en este mundo físico y toma parte en las actividades propias de él, pero su espíritu se mue- ve en el mundo angélico (malakut) y conversa con sus moradores. Es como una persona afligida a quien le ha fallecido recientemente un pariente cercano. Esa persona vive entre la gente, habla con ella, camina hacia distintos lugares, come y duerme, pero su corazón está lamentándose continuamente por el recuerdo de su familiar. Cualquiera que le mire podrá comprender que se encuentra en un desgraciado estado anímico. De forma similar, un viajero espiritual, a pesar de estar ocupado en la satisfacción de sus necesidades naturales, mantiene su contacto con Allah. Un fuego de amor está siempre ardiendo en su corazón.
El dolor de la separación le tiene desasosegado, pero nadie salvo Allah conoce su condición interior, aunque quienes observan puedan también discernir en general que sufre de amor por Allah y la Verdad. A partir de esta explicación resulta claro que ni los lloros, los lamentos y las invocaciones de los Imames eran fingidos, ni las súplicas que de ellos nos han llega- do tenían solamente una finalidad instructiva. Semejante noción se basa en la ignorancia de los hechos. Está por debajo de la dignidad de los Imames decir algo fantástico o exhortar a los hombres a Allah mediante invocaciones fingidas. ¿Sería justo decir que los lamentos desgarradores del Imam ‘Ali o del Imam Zayn al-’Abidin eran falsos y carecían de realidad o que solamente tenían una finalidad educativa? En absoluto.
Estos guías de la religión habían atravesado las etapas de la vía hacia Allah y penetrado en el santuario de Allah para alcanzar el estadio de la subsistencia después de la ex- tinción del alma (baqa’ ba’d al-fana’), que es la vida en el Adorado (baqa’ bil’ma’bud). Su estado combina las cualidades referentes al mundo de la Unidad y al mundo de la pluralidad (wahdat wa kathrat). Reciben la Luz Divina en cada esfera de la vida y se les exige que mantengan su atención fija en el mundo superior y que no violen - ni tan siquiera levemente- ninguna norma relativa a ese mundo.
Cuando el viajero espiritual ha atravesado con éxito todos los mundos que hemos mencionado y subyuga a Satanás, penetra en el mundo de la victoria y la conquista. En ese momento habrá abandonado el mundo material y entrará en el mundo de las almas. De ahí en adelante su gran viaje será a través de los mundos angélico y espiritual y finalmente conseguirá llegar al mundo de la Divinidad.
- 1. Los bahais son una secta religiosa fundada, al igual que los qadianíes, en el siglo XIX.
- 2. 26 Las súplicas que nos han sido transmitidas del Santo Profeta y su Familia aportan los mejores medios para nuestra formación moral y espiritual, crean un espíritu de auto-sacrificio y promueven un gusto por la realización de actos de adoración y la oración a Al’lah. Sobre este particular pueden mencionarse las súplicas de Muyir, de Kumayl, de Abu Hamzah al-Thumali y la de ‘Arafah.