'Abdul.Lah Muzanî, El Joven Perspicaz
'Abdul.lah pertenecía a la tribu Muzaîanah y vivía en la Meca. Desde su infancia, quedó huérfano de padre y creció bajo la tutoría de su tío. Gradualmente creció y como consecuencia de sus esfuerzos y trabajos pudo reunir una gran riqueza compuesta por camellos, ovejas y esclavos. Al principio era idólatra, ya que imitaba a su tío; pero cuando veía que sus ídolos no eran más que estatuas sin vida hechas por las manos de los hombres, sentía odio al adorarlos. 'Abdul.lah sentía gran simpatía por el Islam; sin embargo, callaba por respeto a su tío idólatra, que era su tutor. Guardaba la esperanza de que su tío aceptase el Islam para que él también pudiese convertirse.
Tras la conquista de la Meca, 'Abdul.lah pensaba que su tío se volvería musulmán tal como lo hicieron los demás idólatras; no obstante, éste se negó a aceptar el Islam y tampoco pensaba tomar esa decisión. 'Abdul.lah, quien hasta entonces se había llamado 'Abdul 'Uzzaî, no soportó más.
Un día dijo: "¡Querido tío! Hasta el día de hoy esperaba que os volvieseis musulmán para que yo también eligiese la religión del Islam. Pero ahora que insistís en seguir siendo idólatra, yo no puedo seguir al igual que vos esta perversión. Permítame que elija al Islam como mi religión". Su tío se encolerizó al escuchar estas palabras y dijo: "¡Nunca te lo permitiré!" 'Abdul 'Uzzaî dijo: "¡He tomado la decisión de convertirme en musulmán, de la forma que sea!" Su tío enojado dijo: "Si decides convertirte en musulmán, ¡te quitaré todos los camellos, ovejas y eslavos, así como todas tus riquezas y bienes, inclusive tus ropas!"
'Abdul 'Uzzaî dijo: "Yo también te obsequiaré todo lo que tengo". E inmediatamente se quitó la ropa que llevaba puesta, la colgó frente a su tío y, con palabras placenteras que mostraban la alegría interna de su gran alma y su monoteísmo, dijo: "¡Todo esto es tuyo! Para ti los bienes y riquezas tienen valor, pero en mi opinión, y ante la felicidad verdadera y la vida entera en el otro mundo, no valen nada". Dijo esto y salió con las manos vacías y el cuerpo desnudo. Fue a ver a su madre y le dijo: "¡Madre! He decidido convertirme en musulmán. Únicamente quiero que me des un poco de tela para taparme".
Su madre trajo un corte de algodón. El hijo lo partió en dos y se cubrió el cuerpo. Entonces, deseoso y entusiasmado, se dirigió hacia Medina. Su medio de transporte fueron sus pies descalzos; su comida, el pasto del desierto; y su bebida, el agua de los charcos del Hiÿâz. Pero nunca sintió molestias a consecuencia del apego que sentía hacia el Islam y hacia el noble Profeta (BP); por ello, apresurado recorrió las montañas y los desiertos hasta que llegó a Medina.
El noble Profeta del Islam (BP) y sus seguidores acababan de terminar la oración del alba cuando este joven buscador de la verdad entró en la mezquita, se colocó ante el Profeta (BP) y lo saludó. El rostro desconocido, su estado confuso y su ropa desordenada llamó la atención de todos. El noble Profeta (BP) le preguntó: "¿Quién eres?" El joven respondió: "Yo soy 'Abdul 'Uzzaî y vine de la Meca con la intención de volverme musulmán, y como mi tío se oponía a mi conversión, me quitó todos mis bienes, inclusive mis ropas". Después de esto, atestiguó y se convirtió en musulmán.
El Mensajero de Dios (BP) se alegró mucho al ver el interés y sacrificio de este joven y dijo: "De hoy en adelante, tu nombre será 'Abdul.lah". Y ya que él dejó hasta su ropa por el sendero de Dios y únicamente había cubierto su cuerpo con dos pedazos de tela, fue llamado y conocido como 'Abul.lah Dhûul Baÿâdaîn (o sea, el de los dos pedazos de tela). El Profeta (BP) le dijo: "Hospédate cerca de nosotros".
'Abdul.lah sentía gran interés hacia el Islam. Muy pronto aprendió las creencias y adquirió la sabiduría de la religión islámica. En la mezquita, recitaba el Corán y la oración en voz alta, acto que 'Umar había decidido impedir. Pero el noble Profeta (BP), quien sabía que el recitar en voz alta el Sagrado Corán y hacia la oración manaba de su alma pura y gran amor hacia el Libro Sagrado y la oración, le dijo: "¡Déjale en paz! Él emigró por Dios y por el Mensajero de Dios".
El último deseo
En verdad, ¿qué buscaba este joven que había dejado todo lo del mundo a un lado y había partido hacia Medina? La respuesta es que únicamente tenía un deseo. A pesar de todas las necesidades que tenía, sólo solicitó al Mensajero de Dios (BP) una cosa.
En el año 9 (dHL), se preparaban para la Batalla de Tabûk y el ejército islámico se encontraba listo para la partida. 'Abdul.lah se presentó ante el Profeta (BP) y le dijo: "¡Solicito que pida a Dios que me otorgue la felicidad de ser martirizado en el sendero de la religión!" El Mensajero de Dios (BP) dijo: "¡Trae el pedazo de corteza de un árbol!" 'Abdul.lah apresurado lo preparó. El noble Profeta (BP) escribió sobre éste: "Dios Todopoderoso haga prohibida su sangre (la de 'Abdul.lah) para los incrédulos".
'Abdul.lah se vio fuertemente afectado y entristeció; entonces dijo: "¡Yo quería algo que no fuese esto!" El Profeta (BP) dijo: "Ya que tú partes con la intención de hacer yihâd, en caso de que te veas afectado de fiebre y mueras, te habrás ido de este mundo siendo un mártir". Cuando el ejército del Islam llegó a Tabûk, 'Abdul.lah se vio afectado de alta temperatura y falleció en el año 9 (dHL). Fue enterrado en ese mismo lugar.1
Así es, 'Abdul.lah, quien tenía un corazón lleno de bondad y espiritualidad, un interior puro y claro, y era buscador de la verdad, dejó a un lado el mundo y sus ostentaciones, y llegó a realizar su único deseo: alcanzar la felicidad y la vida eterna, y ofrecer su vida en el sendero del Islam.
- 1. Nâsij At Taûârîj, los estados del Mensajero de Dios (BP), t. 3, p. 213.