Cuarta Parte: La Justicia Divina
La Justicia forma parte de los Atributos de perfección
La totalidad de los musulmanes cree en la Justicia de Dios, Glorificado Sea, y la Justicia forma parte de los Atributos de perfección.
La base de esta creencia estriba en que el Corán niega para Dios cualquier forma de opresión y se refiere a Él como “Establecedor de la equidad”. Es así que dice:
إِنَّ اللَّهَ لاَ يَظْلِمُ مِثْقَالَ ذَرَّةٍ
«Ciertamente que Dios no oprime ni en la medida de un átomo…» (An-Nisa’; 4:40).
También dice:
إِنَّ اللَّهَ لاَ يَظْلِمُ النَّاسَ شَيْئاً
«Ciertamente que Dios no oprime a la gente en absoluto…» (Iunus; 10:44).
Asimismo dice:
شَهِدَ اللّهُ أَنَّهُ لآ إِلَهَ إِلاَّ هُوَ وَالْمَلآَئِكَةُ وَاُوْلُواْ الْعِلْمِ قَآئِماً بِالْقِسْطِ
«Dios, los ángeles y los dotados de sabiduría testimonian que no hay divinidad más que Él, y que es Establecedor de la equidad» (Ál-Imran; 3:18).
Además de las aleyas mencionadas, el intelecto dictamina claramente la Justicia Divina, puesto que la Justicia es un Atributo de perfección, y la opresión es un atributo que implica defecto. El intelecto juzga que Dios reúne la totalidad de los Atributos de perfección, y que está exento de cualquier falta o defecto tanto en lo que hace a Su esencia como a Sus actos.
Básicamente, la opresión se origina a partir de uno de los tres siguientes factores:
1.- La ignorancia del ejecutante de lo indigno de oprimir.
2.- El hecho de que el ejecutante tenga la necesidad de oprimir a sabiendas de lo indigno del acto, o bien sea impotente de actuar con justicia.
3.- El hecho de que el ejecutante sea necio y carezca de sapiencia, por lo que ni siquiera considera que no debe realizar actos de opresión a pesar de estar conciente de lo indigno de ello, y a pesar de estar capacitado para actuar con justicia.
Obviamente que ninguno de estos factores tiene cabida en la Sagrada Esencia Divina, puesto que Él está exento de la ignorancia, la impotencia, la necesidad y la necedad, y es por eso que todos Sus actos se caracterizan por estar basados en la justicia y la sapiencia.
El Sheij As-Saduq ha señalado esto diciendo:
“La prueba de que de Él, Imponente y Majestuoso, no surge la opresión ni la practica, es el hecho de que se ha establecido que Él, Bendecido y Elevado Sea, es Sempiterno, Innecesitado y Sapientísimo que no ignora nada en absoluto, en tanto que la opresión no la efectúa sino aquel que ignora lo execrable de la misma, o aquel que necesita de la misma para obtener un beneficio”1.
Así también el Muhaqqiq Nasîruddin At-Tûsî, ha señalado esto diciendo:
“Su condición de innecesitado y Sapientísimo indica que lo execrable no tiene cabida en sus actos, Elevado Sea”2.
Considerando esas aleyas, los musulmanes son unánimes en establecer el Atributo de Justicia para Dios, Elevado Sea, y creer en su condición de Justo, sólo que han discrepado en lo concerniente a la explicación de lo que implica “la Justicia Divina”, y cada grupo ha adoptado una de las siguientes dos posturas:
A) El sano intelecto humano entiende por sí mismo lo bueno y malo de los actos, y considera lo bueno de un acto como señal de la perfección de su ejecutor, y al acto malo como señal de defecto en su ejecutante, y desde que Dios por esencia reúne la totalidad de los Atributos de perfección, es por eso que Su acción es perfecta y loable, y por lo que Su Sagrada Esencia se encuentra exenta de realizar cualquier acto vil.
Es adecuado mencionar aquí que el intelecto nunca emite un juicio respecto de Dios, y no dice que Dios “debe” ser Justo, sino que lo que la razón hace aquí es descubrir la realidad de la acción de Dios
O sea que, considerando la Perfección Absoluta de Dios, y Su condición de Exento de cualquier defecto o falta, descubre que Su acción, asimismo, se encuentra en la culminación de la perfección, y así también que se encuentra exento de defecto, y por consiguiente trata a Sus siervos con justicia, y no oprime a ninguno de ellos en absoluto.
Las aleyas coránicas mencionadas a este respecto en realidad corroboran y ratifican lo que el ser humano ha concluido a través de su intelecto.
Esto es lo que en la teología islámica se ha denominado como la cuestión de “lo racionalmente bueno o malo”. Aquellos que sostienen ello son llamados al-‘adlîîah (los partidarios de la Justicia Divina), en cuya vanguardia se encuentran los shiítas imamitas duodecimanos.
B) En contraposición a esta teoría existe otra que sostiene que el intelecto y la razón del ser humano es incapaz de inferir lo bueno y lo malo de los actos, ni siquiera en forma general, y restringe a la Revelación Divina la vía para conocer lo bueno y lo malo, de manera que, aquello que Dios ordena es bueno, y aquello que prohíbe es malo.
Según esta teoría, si Dios ordenara arrojar a una persona inocente al Fuego, o hacer ingresar a un pecador al Paraíso, eso sería la bondad y la justicia misma. Este grupo sostiene que describir a Dios con el Atributo de Justicia sólo es porque en el Sagrado Corán se ha mencionado tal Atributo.
La inferencia del intelecto de lo bueno y lo malo
Desde que la cuestión de “lo racionalmente bueno y malo” representa el fundamento y la base de muchas de las creencias de los shiítas imamitas, a continuación exponemos dos de las muchas pruebas que demuestran ello:
A) Todo ser humano, cualquiera sea su religión o dogma de vida, y cualquiera fuere el lugar de la Tierra que habite, comprende lo bueno de la justicia, y lo malo de la opresión; asimismo, infiere lo bueno de cumplir con la promesa, y lo malo de romperla, y lo bueno de retribuir la bondad con bondad, y lo malo de retribuir la bondad con maldad.
El estudio de la historia de la humanidad testimonia y confirma esta realidad, y hasta el día de hoy no se ha visto a ningún ser humano sensato que niegue ello.
B) Si supusiéramos que el intelecto es completamente incapaz de inferir lo bueno y malo de los actos, y que en cambio la gente necesita de la estipulación religiosa para conocer lo bueno y malo de todos los actos, eso implicaría que tampoco la existencia de lo bueno y malo estipulado por la ley religiosa fuera factible de ser establecido.
Eso porque si nosotros suponemos que el Legislador informa de lo bueno de un acto y lo malo de otro, no podríamos concluir lo bueno o malo de ese acto mediante esa sola información, en tanto veamos la posibilidad de que exista mentira en esa información del Legislador y en Sus palabras, a menos que antes de eso establezcamos lo malo de mentir, y que el Legislador se encuentra exento de ese atributo denigrable, y ello solo es posible de establecerse mediante el intelecto3.
Además, de las aleyas coránicas se desprende que el intelecto humano es capaz de inferir lo bueno o malo de algunos actos, y es por eso que Dios, Glorificado Sea, en el Sagrado Corán exhorta a juzgar mediante el intelecto y la conciencia, puesto que dice:
أَفَنَجْعَلُ الْمُسْلِمِينَ كَالْمُجْرِمِينَ * مَا لَكُمْ كَيْفَ تَحْكُمُونَ
« ¿Acaso equipararemos a los que se han sometido con los malhechores? ¿Cómo es que juzgáis?» (Al-Qalam; 68:35-36).
Y también dice:
هَلْ جَزَآءُ الإِحْسَانِ إِلاَّ الإِحْسَانُ
« ¿Acaso la retribución del bien no es el bien mismo?» (Ar-Rahman; 55:60).
Aquí se plantea una pregunta que debemos responder. Dios, Glorificado Sea, dice en el Corán:
لاَ يُسْئَلُ عَمَّا يَفْعَلُ وَهُمْ يُسْئَلُونَ
«No es cuestionado por lo que hace, siendo que ellos lo son» (Al-Anbiia’; 21:23).
Entonces, la pregunta es la siguiente: No es posible cuestionar a Dios por ningún acto que haya realizado, y el caso es que, de acuerdo a “lo racionalmente bueno y malo”, suponiendo que Dios llegase a cometer un acto malo, uno se preguntaría y diría: “¿Por qué realizó tal acción?”.
La respuesta es la siguiente: Dios no es cuestionado por Sus actos puesto que Él es Sapiente, y lo inadecuado nunca es realizado por el Sapiente, puesto que Su acción siempre está acorde a la sapiencia, y es por eso que desaparece el tema que suscitaba la pregunta.
La manifestación de la Justicia Divina en el ámbito existencial y en el legislativo
La Justicia Divina presenta diferentes manifestaciones en los ámbitos de la existencia, la legislación y la acción de impartir el merecido. A continuación aclararemos una tras otra:
A) La Justicia en el ámbito existencial: Dios, Glorificado Sea, ha otorgado a cada criatura la constitución que le es apropiada y que le es indispensable. Así también, nunca ignora las capacidades al momento de proveer y originar.
Dice el Sagrado Corán a este respecto:
رَبُّنَا الَّذِي أَعْطَى كُلَّ شَيْءٍ خَلْقَهُ ثُمَّ هَدَى
«Nuestro Señor es Quien ha otorgado a toda cosa su creación, luego la guió» (Ta Ha; 20:50).
B) La Justicia en el ámbito de la legislación: Dios ha guiado al ser humano, el cual posee la capacidad de desarrollo y perfeccionamiento, y de adquirir los atributos de excelencia, e hizo eso mediante el envío de los profetas, y disponiéndole las reglas religiosas. Así también, Él no cargó al ser humano con lo que es superior a sus fuerzas:
إِنَّ اللَّهَ يَأْمُرُ بِالْعَدْلِ وَالإِحْسَانِ وَإِيتَآءِ ذِي الْقُرْبَى وَيَنْهَى عَنِ الْفَحْشَآءِ وَالْمُنكَرِ وَالْبَغْيِ يَعِظُكُمْ لَعَلَّكُمْ تَذَكَّرُونَ
«Por cierto que Dios ordena la justicia y la bondad, y la liberalidad para con los parientes, y prohíbe lo repulsivo, lo abominable y la transgresión. Os amonesta, tal vez así reflexionéis» (An-Nahl; 16:90).
Desde que la justicia, la benevolencia y la liberalidad para con los parientes conllevan el desarrollo del ser humano, y las otras tres acciones conllevan su decadencia, es por eso que Él, Glorificado Sea, ordenó realizar las tres primeras acciones y prohibió las tres últimas.
En relación a la armonía existente entre los deberes e imposiciones divinas y la capacidad del ser humano, y el hecho de que los primeros no exceden los límites de esa capacidad, también dice lo siguiente:
لا يُكَلِّفُ اللّهُ نَفْساً إِلاَّ وُسْعَهَا
«Dios no impone a ningún ser una carga superior a sus fuerzas» (Al-Baqarah; 2:286).
C) La Justicia en el ámbito de otorgar el merecido: Ciertamente que Dios, en lo que se refiere a otorgar el merecido, no tiene la misma consideración para con el creyente, el incrédulo, el benefactor y el perverso, sino que retribuirá a cada uno de ellos en conformidad a lo que cada uno merezca y a sus acciones, de manera que recompensará al bienhechor y castigará al malhechor.
En base a esto, no será castigado aquel a quien no le haya llegado información sobre sus deberes a través de los Profetas y Mensajeros divinos, y que tampoco haya llegado al punto de aquellos a quienes les han llegado las evidencias de forma que no les queda excusa:
وَمَا كُنَّا مُعَذِّبِينَ حَتَّى نَبْعَثَ رَسُولاً
«…y no castigábamos hasta no enviar un Mensajero» (Al-Isra; 17:15).
También dice:
وَنَضَعُ الْمَوَازِينَ الْقِسْطَ لِيَوْمِ الْقِيَامَةِ فَلاَ تُظْلَمُ نَفْسٌ شَيْئاً
«Y disponemos las balanzas con equidad para el día de la Resurrección, de forma que ningún alma será oprimida en absoluto» (Al-Anbiia’; 21:47).
El propósito de la creación del ser humano
Dios creó al ser humano, y tuvo un propósito en especial para crearle y originarle, que consiste en hacerle llegar a la perfección humana que le es pertinente, la cual se concreta a la sombra de la adoración y obediencia a Dios.
Cada vez que, para que el ser humano pueda alcanzar el objetivo, ello dependa de una serie de preliminares, Dios, Glorificado Sea, ha dispuesto esos preliminares y le ha facilitado el camino para llegar al objetivo; de otra manera, la creación del ser humano hubiera sido vana y carente de objetivo.
A partir de esto, Dios envió a Sus Profetas y Mensajeros, y les proveyó con las evidencias y los milagros. Así también, para provocar el anhelo por obedecer a Dios en Sus siervos, y para precaverles de desobedecerle, incluían en sus Mensajes Su promesa de recompensa y castigo.
Esto que se dijo, es en resumen lo que en palabras de los adliiah (los partidarios de la Justicia Divina) se denomina “regla de lutf (benevolencia divina)”, la cual es una de las derivaciones de la regla de “lo racionalmente bueno y malo”, y que también constituye la base y el punto de partida de muchas cuestiones y asuntos doctrinales.
Al-Qada’ wal Qadar (La Predestinación)
La Predestinación en el Sagrado Corán y la Tradición del Profeta (S)
La predestinación forma parte de las creencias islámicas categóricas que nos llegan en el Libro de Dios y la tradición profética, y que son confirmadas por las pruebas e indicios lógicos contundentes.
Son numerosas las aleyas que tratan sobre la predestinación, y a continuación citaremos algunas de ellas:
إِنَّا كُلَّ شَيْءٍ خَلَقْنَاهُ بِقَدَرٍ
«Por cierto que Nosotros hemos creado toda cosa en base a una medida» (Al-Qamar; 54:49).
وَإِن مِّن شَيْءٍ إِلاَّ عِنْدَنَا خَزَآئِنُهُ وَمَا نُنَزِّلُهُ إِلاَّ بِقَدَرٍ مَعْلُومٍ
«Y no hay nada sin que poseamos sus depósitos. Y no lo hacemos descender sino en una medida determinada» (Al-Hiyr; 15:21).
َبدِيعُ السَّمَاوَاتِ وَالأَرْضِ وَإِذَا قَضَى أَمْراً فإِنَّمَا يَقُولُ لَهُ كُنْ فَيَكُونُ
«Él es el Originador de los Cielos y la Tierra, y si decreta un asunto solamente le dice: “¡Sé!”, y es» (Al-Baqarah; 2:117).
هُوَ الَّذِي خَلَقَكُم مِن طِينٍ ثُمَّ قَضَى أجَلاً
«Él es Quien os ha creado de barro, luego decretó un término» (Al-An’am; 6:2).
Considerando estas aleyas y las numerosas narraciones a este respecto, no es posible que el musulmán niegue la predestinación, si bien no es imprescindible el conocimiento detallado de este tema y sus pormenores.
Básicamente, no es adecuado que aquellos que no detentan la disposición mental e intelectual suficiente se adentren en este tipo de cuestiones tan precisas, ya que es muy posible que tales personas caigan en la equivocación o en la duda en lo relacionado a la creencia y finalmente caigan en el extravío.
Es por eso que el Imam ‘Alí (a), dirigiéndose a este tipo de personas, dijo lo siguiente en lo relacionado al tema de la predestinación:
طَريقٌ مُظْلمٌ فَلا تَسْلكوهُ، وبَحرٌ عَميق فَلا تَلِجُوهُ، وسِرُّ الله فلا تَتكَلَّفوه
“Es un camino oscuro, no lo transitéis; es un mar profundo, no os adentréis en él; es el secreto de Dios, no os impongáis tratar de descubrirlo”4.
Por supuesto, la advertencia del Imam ‘Alí (a) está dirigida a aquellos que no pueden entender y asimilar estas cuestiones tan precisas y que es posible que tratar este tema cause su extravío. Testimonio de que tal advertencia sólo es para ese tipo de personas, es que el mismo Imam (a) en muchas otras oportunidades procedió a explicar y elucidar el tema de la predestinación5.
Es por esto que nosotros procedemos a explicar este tema en los límites de nuestro conocimiento, utilizando las aleyas del Corán, las tradiciones y la ayuda del intelecto.
El significado de Qadar y Qada’
Lingüísticamente qadar significa medida, y qada’ significa lo seguro y concluyente.
Dice el Imam Ar-Rida (a) explicando el qadar y qada’:
القَدَرُ هي الهَنْدَسَة، وَوَضْعُ الحُدود من البقاء، والفَناء. والقضاء هو الاِبرامُ، وإقامة العَيْن
“El qadar es la medida, y la disposición de los límites respecto a la permanencia y la aniquilación. Y el qada’ es la consolidación y materialización de algo”6.
Ahora que ha quedado en claro el significado lingüístico de estos dos vocablos, procederemos a explicar su significado en la terminología religiosa.
Qadar
Cada una de las criaturas, por el hecho de ser una entidad contingente, tiene un límite específico y una medida determinada. Por ejemplo, un “ente inanimado” posee un límite determinado y una medida específica, así como la existencia de la “planta” y del “animal” posee otra cantidad y límite que le es propio; y desde que la existencia determinada de cada entidad, es a su vez creación de Dios, Glorificado Sea, es por eso que es natural que tal determinación y delimitación sea en sí una determinación divina.
A su vez, esta determinación, desde que es una acción divina, se denomina “determinación relativa a los actos divinos”, y desde que Dios conoce ello antes de crearlo, se denomina “determinación relativa al conocimiento divino”.
En realidad, creer en la predestinación es creer en la condición de Creador de Dios, en consideración a las particularidades de las cosas. Esta “determinación relativa a los actos” se basa en el conocimiento perpetuo de Dios, por lo cual creer en la “determinación relativa al conocimiento”, es en realidad creer en el conocimiento perpetuo de Dios.
La explicación de Qada’
Así como mencionamos, qada’ tiene el significado de “carácter categórico” de la existencia de algo, y puesto que es incuestionable que la inexorabilidad de la existencia de cualquier cosa y su materialización es en base a la ley de causa y efecto y está supeditada a la materialización de su “causa completa”.
Y desde que la cadena de causas y efectos culmina en Dios, Glorificado Sea, es por eso que la inexorabilidad de la materialización de cualquier cosa depende, en realidad, del Poder y Voluntad de Dios, Glorificado Sea.
Éste es el qada’ o decreto de Dios en el ámbito de la acción y la creación.
El conocimiento perpetuo de Dios en relación a esa realidad inexorable conforma el qada’ “esencial”, esto es, vinculado a la Esencia de Dios.
Lo mencionado hasta aquí es concerniente al qada’ y qadar dispuesto por Dios en el ámbito cósmico y existencial -abarcando tanto a la predestinación definida como “esencial” (relativa al dhat o Esencia Divina) como a la “de acción” (relativa al fi‘l o acción divina)-.
Otras veces también el qada’ y el qadar se relacionan al ámbito legislativo, queriendo significar con ello que básicamente la legislación y los deberes divinos son el qadâ’ (decreto) de Dios. Asimismo, la cualidad y particularidad de esas normas, como la obligación, la prohibición, etc., es una determinación legislativa de Dios, Glorificado Sea.
El Imam Amîr Al-Mu’minin ‘Alí (a), en respuesta a quien le preguntó sobre la realidad de la predestinación, mencionó esta etapa de la misma diciendo:
الاََمرُ بالطاعَة، والنَّهْيُ عَنِ المعصِيَةِ، والتَمْكِينُ مِن فِعْلِ الْحَسَنَةِ، وتركُ المَعْصِيَة، والمعُونَةُ على القُرْبةِ إلَيْه، والخِذْلانُ لِمَنْ عصاهُ، والوَعْدُ والوَعِيْدُ، والتَرْغِيْب والتَرْهِيْبُ كُلُّ ذلكَ قضاءُ الله في أفعالنا وقَدَرُهُ لاَعمالنا
“La orden de obedecer (a Dios), la prohibición de desobedecerle, la acción de disponer en el ser humano el poder para realizar la buena acción y abandonar el acto de desobediencia, la ayuda para lograr el acercamiento a Dios, la humillación para quien le desobedece, la promesa de recompensa y de castigo, la sucitación de anhelo (mediante el Paraíso) y la amedrentación (mediante el Fuego), todo eso forma parte del decreto de Dios sobre nuestros actos y Su determinación sobre nuestras acciones”7.
Es posible que el Imam Amir Al-Mu’minin ‘Alí (a) se haya limitado a explicar el tema de la predestinación en lo relacionado a la jurisprudencia al responder a esa pregunta en observancia de la condición del que preguntó, o la de los presentes en esa reunión, puesto que en esos días, del tema de la predestinación en lo relacionado a los asuntos de la existencia, y del hecho que ello abarque las acciones del ser humano, se entendía la predestinación absoluta, en el sentido de compulsión y privación de la voluntad. Testimonio de ello es que el Imam (a) finalizó sus palabras diciendo:
“No supongas nada más fuera de esto, puesto que suponer ello causa que las acciones se invaliden”.
Con esto último quiso decir que el valor de las acciones surge del hecho que el ser humano tiene libre albedrío y las realiza mediante su voluntad, y al suponer el fatalismo ese valor desaparece.
En conclusión, el qada’ y el qadar a veces es en los asuntos de la existencia y otras veces en el ámbito de la legislación. A su vez, cada una de estas dos partes se divide en dos etapas:
1.- “Esencial” (o relacionado a la Esencia Divina, o lo que es igual aquí, en lo relacionado al Conocimiento Divino).
2.- “De acción” (o relacionado a los Actos Divinos).
No hay contradicción entre el qada’ y el qadar y el libre albedrío
El qada’ y el qadar relacionado a las acciones del ser humano no se contradicen con su libre albedrío, puesto que la determinación divina relacionada al ser humano, conforma el establecimiento y disposición de ese mismo atributo de actividad humana que le es particular, y esto se refiere a que él es un sujeto poseedor de actividad y voluntad, y la realización o abandono de cualquier acto se encuentra bajo su voluntad.
El decreto divino respecto a las acciones del ser humano lo conforman la inexorabilidad y concreción definitiva de una acción luego que el ser humano ha utilizado su libertad de elección mediante su voluntad.
En otras palabras, la constitución del ser humano está entremezclada y dispuesta junto a su voluntad y libertad, y la determinación divina no es sino el haber dispuesto que cada vez que el ser humano mediante su voluntad origine unas causas activas, la ejecución divina se produzca de esa forma.
Algunas personas consideran su condición de desobedientes como un fenómeno producido por la determinación divina, y se imaginan que no pueden elegir otro camino fuera del que se encuentran transitando, siendo que tanto el intelecto como la Revelación divina rechazan tal suposición, puesto que el sano intelecto juzga que el ser humano es el que elige por sí mismo su destino.
Y así también, según la Revelación divina, él puede ser una persona agradecida y correcta o bien puede ser un desagradecido e incrédulo.
إِنَّا هَدَيْنَاهُ السَّبِيلَ إِمَّا شَاكِراً وَإِمَّا كَفُوراً
«Nosotros le hemos guiado hacia el camino, bien puede ser un agradecido o un infiel» (Al-Insan; 76:3).
En épocas de la Revelación había un grupo de idólatras que suponían que su extravío era resultado de la Voluntad Divina, y solían decir: “Si Dios no hubiera querido que fuésemos politeístas, no lo hubiéramos sido”. El Sagrado Corán transmite eso de ellos de la siguiente manera:
سَيَقُولُ الَّذِينَ أَشْرَكُوا لَوْ شَآءَ اللّهُ مَآ أَشْرَكْنَا وَلآ ءَابَآؤُنَا وَلاحَرَّمْنَا مِن شَيْءٍ
«Los asociadores dirán: “Si Dios hubiera querido no hubiéramos sido asociadores, y así tampoco nuestros padres, ni hubiéramos prohibido nada» (Al-An’am, 6:148).
A continuación añade lo siguiente como refutación a ellos:
كَذَلِكَ كَذَّبَ الَّذِينَ مِن قَبْلِهِمْ حَتَّى ذَاقُوا بَأْسَنَا
«Así desmintieron quienes les precedieron hasta que gustaron nuestra adversidad» (Al-An’am; 6:148).
Al final recordamos que la práctica general de Dios en relación al mundo de la existencia, que a veces conlleva la felicidad del ser humano y otras veces acarrea su perdición, forma parte de las manifestaciones de la predestinación divina, y que la humanidad es la que por sí misma elige una de estas dos cosas.
Anteriormente, en los temas vinculados al ser humano y su situación, hemos mencionado asuntos a este respecto bajo el título “El ser humano desde la óptica del Islam”.
El ser humano y el libre albedrío
El libre albedrío y la realidad del ser humano
El libre albedrío del ser humano y su libre voluntad conforman una categórica y evidente realidad, y su comprensión está en las posibilidades de cualquiera y se puede lograr a través de diferentes vías, las cuales mencionaremos a continuación:
A) La conciencia de cada individuo testimonia que éste, en sus decisiones, tiene la facultad de elegir uno de dos extremos: la acción o el abandono de la misma. Si alguien duda de esta obvia realidad, eso implicará que tampoco deba aceptar ninguna otra realidad evidente.
B) El elogio y el reproche de las diferentes personas en todas las sociedades humanas, tanto religiosas como no-religiosas, son una señal de que el que ha realizado el elogio o el reproche ha considerado al elogiado o al reprochado libre en su accionar, de otro modo, elogiar o reprochar no sería lógico ni justificable.
C) Si negamos el albedrío del ser humano y su libre voluntad, entonces la legislación y la disposición de normas conformaría un asunto vano y también sin provecho, puesto que si el ser humano es compelido a un comportamiento que antes ya le fuera determinado sin tener la capacidad de apartarse del mismo en lo más mínimo, en ese caso, las órdenes y prohibiciones, y las promesas de recompensa y castigo no tendrían ningún sentido.
D) Observamos que a lo largo de la historia humana hubo personas que procedieron a corregir al individuo o a la sociedad humana, y sacrificaron grandes esfuerzos en este camino, y lograron los resultados y frutos. Es evidente que la concreción de esos frutos no se corresponde con la condición de compelido del ser humano, ya que en tal suposición, todos esos esfuerzos hubieran sido inútiles y en realidad no hubieran brindado resultado.
Estos cuatro testimonios enfatizan el principio del libre albedrío y la libre voluntad, disponiéndolo como una realidad que no admite ninguna vacilación.
Por supuesto, del principio de libre elección del ser humano y su condición de poseedor de voluntad no debemos inferir que el ser humano ha sido abandonado a su suerte y que Dios no tiene ninguna influencia sobre sus actos.
Puesto que una creencia como esa implicaría “el libre albedrío absoluto” o tafwid (delegación de la totalidad de los asuntos en manos del hombre), lo cual niega el principio de constante necesidad de Dios que tiene la persona, así como eso implicaría una limitación y restricción del ámbito de poder y acción de creación divinos; es así que la realidad de esta cuestión es de la forma en que la evidenciaremos en el artículo siguiente.
No existe compulsión, ni albedrío total, sino una posición intermedia
Tras el fallecimiento del gran Profeta (S), se plantearon algunas cuestiones particulares en el ámbito de la sociedad islámica, entre las que se encontraba la manera en que se originaba la acción del ser humano.
Un grupo eligió la creencia en la predestinación (yabr) y dijeron que el ser humano actúa en forma compulsiva y determinada.
En oposición a éstos, otro grupo sostuvo que el ser humano es un ente dejado a su suerte, a quien se le ha delegado la totalidad de los asuntos que le conciernen, por lo que sus actos no se atribuyen a Dios de ningún modo.
Ambos grupos –en realidad- imaginaron que la acción, o bien debe atribuirse al ser humano, o bien atribuirse a Dios, esto es, o bien es el poder humano por sí sólo el que interviene, o bien es el poder divino el que lo hace; sólo que existe una tercera opción que nos han señalado los Imames Inmaculados (a).
Dijo el Imam Ya‘far As-Sadiq (a):
لا جَبْرَ ولا تفويضَ، ولكن أمرٌ بَين الاَمرين
“No hay predestinación (yabr), ni libre albedrío absoluto (tafwid), sino una posición intermedia”8.
Esto es, que la acción del ser humano, al tiempo que es atribuida al siervo, también es atribuida a Dios, ya que la acción procede del sujeto que la ejecuta, y al mismo tiempo, tanto el sujeto como su poder son criaturas de Dios, así que, ¿cómo sería posible que la acción no tenga nada que ver con Dios?
La vía de Ahlul Bayt (a) para explicar la realidad de la acción humana está en completa conformidad con lo que nos ha llegado en el Sagrado Corán. Este Libro celestial, a veces, al tiempo que atribuye la acción al ejecutante, también la atribuye a Dios, esto es, la acción acepta las dos atribuciones, ya que dice:
وَمَا رَمَيْتَ إِذْ رَمَيْتَ وَلَكِنَّ اللّهَ رَمَى
«Y no lanzaste cuando lanzaste, sino que fue Dios quien lanzó…» (Al-Anfal; 8:17).
El propósito de esto es que cuando el distinguido Profeta (S) realizaba una acción, no la ejecutaba a través de su propio poder independiente, sino por medio del Poder Divino; es en base a esto que son aptas las dos atribuciones. Análogo a esto es si decimos que nosotros encendemos la bombilla eléctrica, mientras que también es correcto decir que la luminosidad de la bombilla proviene de la central eléctrica.
No hay contradicción entre el conocimiento perpetuo de Dios y la libertad de acción del ser humano
Nosotros, junto con nuestra creencia en la libertad de elección del ser humano y su libre voluntad, creemos que Dios tenía conocimiento de nuestras acciones desde el principio, sin que hubiera contradicción entre ambas creencias.
Aquellos que no consideran que ambas creencias puedan armonizar deben saber que el conocimiento perpetuo de Dios está vinculado al surgimiento de la acción del ser humano en base a su propia voluntad, y es natural que tal conocimiento no se contradiga con la libertad del ser humano y su condición de libre en su voluntad.
En otras palabras, así como el conocimiento divino se vincula al mismo surgimiento de la acción del ser humano, así también se vincula al modo en que surge tal acción de él (que es en forma libre y por su propia elección).
Tal conocimiento perpetuo no sólo no se contradice con la libertad de acción del ser humano, sino que la establece y brinda consistencia, puesto que si la acción no surgiera por propia voluntad de la persona, entonces, en ese caso el conocimiento de Dios no se verificaría en la realidad, puesto que para que un conocimiento se verifique en la realidad es necesario que lo haga en esa misma forma en que se ha vinculado a ese algo.
Naturalmente, si el conocimiento divino se ha vinculado al hecho de que la acción humana ha surgido de él en base a su propia voluntad, en ese caso, la acción debe concretarse con esas mismas características, y no en la forma de compulsión y determinismo.
- 1. “At-Tawhid” de As-Saduq, pp.396-397.
- 2. Kashf Al-Murad”, p.305.
- 3. Las palabras del Muhaqqiq At-Tusi en su libro “Tayrid Al-I‘tiqad” señalan este argumento, al decir: “Si el establecimiento de lo bueno y lo malo estuviera restringido a la legislación, se estaría descartando por completo lo bueno y malo de los actos, sin llegar a establecerse ni por legislación, ni por el intelecto”.
- 4. “Nahy Al-Balagah”, máxima Nº 287.
- 5. “Usul Al-Kafi”, t.1, p.158.
- 6. “Usul Al-Kafi”, t.1, p.158.
- 7. “Bihar Al-Anwar”, t.5, p.96, hadiz 20.
- 8. “At-Tawhid” de As-Saduq; cap. 59, hadiz 8.