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Capítulo 20: El Boicot Social y Económico

El método más fácil y exento de complicaciones para erradicar a un grupo o minoría indeseable de una sociedad consiste en la firme opo­sición incruenta que se lleva a cabo mediante la unión y la solidaridad del pueblo.

La lucha armada, en cambio, necesita de otros medios. Se requiere el armamento, se producen bajas y pérdidas, y se logra el objetivo deseado sólo después de múltiples problemas y obstáculos. Esto sin contar con las aflicciones que provoca. Los líderes hábiles e inteli­gentes sólo optan por este último medio (la lucha armada) como últi­mo recurso y luego de emprender el planeamiento y la preparación necesarias.

Esta lucha u oposición “sin armas” que mencionamos no es re­hén de las reglas anteriores, y depende de un sólo factor: La unión y el acuerdo de la mayoría. Es decir que el grupo que pretende lograr este objetivo debe unirse y comprometerse en un pacto que consista en:

a) Cortar todo tipo de relaciones con la minoría opositora.

b) No realizar intercambios (comerciales, etc.) con la misma.

c) No contraer matrimonio con ninguno de sus integrantes.

d) Impedirles la participación en actos sociales.

e) No prestarles colaboración en ninguno de sus asuntos.

Bajo tales condiciones el grupo minoritario ve transformarse toda la tierra en una cárcel pequeña y estrecha. Y lógicamente muchas veces terminará retractándose, rindiéndose y obedeciendo la voluntad de la mayoría. Empero para proceder de este último modo esta minoría deberá pertenecer a un grupo cuyo objetivo sea débil, y no un objeti­vo espiritual, religioso, fundado en principios y creencias firmes.

Pro­cedería así, rindiéndose, una minoría que buscara sólo objetivos mun­danos como riquezas y poder, pues al enfrentarse a las dificultades y las privaciones sin un estímulo superior preferirá el deleite pasajero, provisorio, al deleite mayor de insegura obtención, y se sometería.

Un grupo o minoría que se afirme en la fe, por el contrario, no temblará ante tales dificultades, sino que ello los consolidará aún más en su objetivo y responderá a su enemigo con el escudo de la paciencia y la tolerancia.

Los hechos de la historia dan testimonio de que el factor más poderoso que permite la subsistencia, resistencia y estabilidad de las minorías ante las mayorías es la fe, lo cual a veces se ha reflejado en el derramamiento de sangre humana (el martirio) que las ha fortalecido, de lo cual tenemos muchos ejemplos en la historia de las reli­giones divinas.

El Comunicado de Quraish

Los grandes líderes quraishitas, en el colmo de la irritación, bus­caban desesperadamente una solución al problema que les planteaba el Islam y su asombroso avance. La islamización de Hamza, la islami­zación de muchos jóvenes quraishitas, la libertad de acción obtenida por los emigrados a Etiopía, eran todos hechos que aumentaban su confusión y desconcierto. Más los irritaba el continuo fracaso de todos los planes que urdían.

Decidieron entonces, finalmente, impo­ner un boicot económico-social. Su objetivo era seccionar las arte­rias vitales de los musulmanes, disminuir la influencia y la difusión del Islam y poner en graves aprietos al Enviado de Dios (B.P.) y sus segui­dores. Para ello los jefes de la idolatría colocaron en la Ka‘aba un comunicado y pacto escrito por Mansur Ibn Akrama, y firmado por la delegación suprema. Todos juraron que lo aplicarían hasta la muerte.

El comunicado decía:

1.- Está prohibida la realización de todo intercambio o compra­ venta con los seguidores de Muhammad.

2.-Está prohibida enfáticamente la comunicación y la conviven­cia con cualquiera de ellos.

3.-Nadie tiene derecho a establecer con los musulmanes lazos matrimoniales.

4.-Es un deber apoyar a los opositores de Muhammad en el curso de los acontecimientos­

El texto del pacto fue aplicado con suma rapidez. El único pro­tector del Profeta (B.P.), su tío Abu Talib, convocó a todos sus parien­tes (los hijos de Hashim y Abdul Muttalib) y les propuso asumir la de­fensa de Muhammad (B.P.).

Luego decidió sacarlo de aquel ambiente peli­groso junto con toda su familia y alojarlos en la quebrada conocida con el nombre de “quebrada de Abu Talib”, en la que había algunas pequeñas casas y galerías” Abu Talib lo hizo con el fin de alejar a Mu­hammad (B.P.) de los inicuos.

Además, para prevenirse de ofensivas sorpresi­vas de los quraishitas se establecieron torres de vigilancia en algunos puntos específicos en cuyo interior se encontraban personas que observaban e informaban ante cualquier novedad.

Este duro bloqueo duró tres años, y en ellos las presiones y las di­ficultades que debieron soportar los musulmanes llegaron a su punto álgido. El llanto desgarrador de los hijos de Banu Hashim llegaba a los oídos de los crueles mequinenses pero ello no los alteraba en lo más mínimo. Había días en que niños y hombres se alimentaban sólo con un dátil o incluso con la mitad de este.

Sólo podían dejar la quebra­da durante los meses prohibidos para la guerra que eran cuatro en el año. En esas ocasiones los musulmanes realizaban algunas transacciones de compra y venta, pero les era muy difícil llevarlas a cabo.

El Profeta (B.P.) aprovechaba estos períodos para continuar con la difusión del Islam, lo que le era imposible en otro momento. No obstante, tampoco en estos meses eran dejados en paz por los personeros y mercenarios de Quraish.

Solían a menudo presentarse en las tiendas donde los musulmanes iban a realizar alguna compra e inmediatamente ofrecían más dinero y por ende la realizaban ellos. Abu Lahab solía exclamar en medio de los ba­zares: “¡Comerciantes! Aumenten el precio de sus mercancías para pri­var a los seguidores de Muhammad del poder de la compra”; y para consolidar los precios elevados él mismo pagaba por ellos mayor im­porte del que realmente valían.

La trágica situación de Banu Hasbim en la quebrada

Cuenta Sa‘d Uaqas respecto de lo que hizo ante la tortura del ham­bre: “Una noche salí de la quebrada a punto de desmayarme. De pron­to divisé un trozo de piel seca de camello, entonces la tomé, la lavé, la quemé y la molí. Luego le agregué agua e hice una masa que me ali­mentó durante tres días.”

Los espías de los quraishitas vigilaban todos los caminos para que nadie proveyera de alimentos a los musulmanes. A pesar de su rígido control Hakim Ibn Hazam, sobrino de Jadiya, Abul As Ibn Rabi‘ y Hisham Ibn Umar a veces iban con sus camellos en medio de la noche y les llevaban trigo y dátiles.

Por temor a ser descubiertos cuando lle­gaban a las cercanías de la quebrada despachaban hacia allí a los came­llos solos cargados con las citadas provisiones. Algunas veces esta su pequeña ayuda les ocasionaba problemas.

Cierta noche Abu Yahl vio a Hakim mientras realizaba tal tarea, se irritó mucho y le dijo: “¡Te lle­varé ante Quraish y te desenmascararé!”, se generó así una disputa, pero Abul Bajtarí, otro enemigo del Islam, repudió el proceder de Abu Yahl diciéndole: “Tú no tienes derecho a impedirle que lo haga pues lleva alimentos para su tía Jadiya”, y luego de pronunciar estas palabras lo golpeó.

La intensidad con que los quraishitas aplicaban el boicot no disminuyó ni un ápice la paciencia y constancia de los musulmanes, pe­ro finalmente el grito desolador de los niños y la trágica situación por la que pasaban los creyentes logró llegar al corazón de un grupo que se arrepintió de haber suscripto el pacto de boicot y decidió resolver el problema.

Cierto día, Hisham Ibn Umar visitó a Zuhair Ibn Abi Umaiiat, el nieto de Abdul Muttalib y le dijo: “¿Es justo que tú comas y te vistas con la mejor ropa mientras que tus parientes pasan hambre y están desprovistos de vestiduras? Por cierto, que si tú confeccionaras un comunicado semejante al confeccionado por los mequinenses pero para ser aplicado a la familia de Abu Yahl y lo invitaras a llevarlo a cabo jamás te obedecería”.

Zuhair entonces dijo: “¡Pero es que solo no puedo desa­fiar a todo Quraish! Si alguien me acompaña romperé el pacto.” Hisham le dijo: “Yo te secundaré”. Zuhair le sugirió que convenciera a una ter­cera persona para que los apoyara a ambos en concretar su intención.

Hisham fue entonces a ver a Mut‘am Ibn Adí y le dijo: “No creo que jamás te satisfaga la muerte de los grupos de Banu Hashim y Banu Abdul Muttalib, ya que tú también tienes el honor de ser pariente de ellos”. Respondió: “¿Y qué puedo hacer? Una persona sola no puede hacer nada.”

A lo que Hisham contestó: “Hay dos personas más con­tigo, somos Zuhair y yo.” Mut‘am agregó: “Necesitaríamos la colabo­ración de más personas.” Entonces Hisham comentó su propósito a Abul Bajtarí y Zam‘ah y los invitó a colaborar con ellos. Todos acor­daron presentarse por la mañana en la Ka‘aba.

La reunión de Quraish con la participación de Zuhair y sus cóm­plices se llevó a cabo. Zuhair rompió el silencio diciendo: “Hoy Quraish debe limpiar su mancha de vergüenza rompiendo el comunicado opre­sor, pues la situación desgraciada de Banu Hashim ha afligido a todos”.

Abu Yahl dijo: “¡Imposible! ¡Jamás lo haremos, debemos respe­tar nuestro pacto!” Entonces se levantó Zam‘ah y dijo: “¡Debe ser abrogado y nunca debió ser confeccionado!”

Otro grupo de los presentes que deseaba la interrupción del blo­queo se levantó corroborando lo dicho por Zuhair.

Abu Yahl notó entonces que el asunto era serio y descubrió que todo estaba planeado de antemano. Cedió entonces y se sentó. Mut‘am aprovechó la oportunidad y se dirigió a romper el comunicado que ha­bía sido colgado en la Ka‘aba pero al acercarse notó que los insectos lo habían devorado, y sólo habían dejado la inscripción inicial que decía “Bismika Allahumma” (En tu Nombre Dios), frase con que los quraishitas encabezaban todos sus bandos.

Aquel día Abu Talib, que seguía de cerca los acontecimientos y esperaba un final favorable, comunicó a su sobrino la ruptura del pac­to apenas se produjo. Así los integrantes del grupo que se había refu­giado en la quebrada retornaron a sus hogares.

Algunos historiadores dicen que el Profeta Muhammad (B.P.), Abu Ta­lib y Jadiya habían perdido todas sus fortunas en los años del boicot, y he aquí que en cierto momento se le reveló al Mensajero de Dios (B.P.) la información de que los insectos habían devorado el pacto de los qu­raishitas a excepción del Nombre de Dios.

Muhammad (B.P.) transmitió esta información a su tío Abu Talib y ambos, junto con un grupo, aban­donaron la quebrada y se dirigieron a la Ka‘aba. Los quraishitas pre­sentes rodearon a Abu Talib y le preguntaron: “¿Es que aún no es el momento de que recuerdes que somos parientes y de que dejes de apo­yar a tu sobrino?” Abu Talib pidió: “Traigan el pacto” (el mismo es­taba contenido en un cofre).

Cuando se lo presentaron Abu Talib pre­guntó: “¿Es este el pacto?”. “Si”, le respondieron. “¿Por ventura al­guien tuvo acceso a él?”, volvió a inquirir. Ante la negativa Abu Talib propuso: “Bien, mi sobrino ha tenido noticias de su Señor y quiero saber si abrogarían el pacto en caso de ser cierto lo que él afirma” “Sí”, le respondieron.

Dijo Abu Talib: “Si llegara a ser falso lo que alude lo entregaré en vuestras manos”. Y aceptando la propuesta de Abu Talib los quraishitas dijeron: “Es justo lo que propones”.

Dijo Abu Talib: “Mi sobrino afirma que los insectos han consu­mido el pacto”. De inmediato se abrió el cofre y no se pudo encontrar en él más que la parte del texto que nombraba a Dios. No obstante, ocu­rrió algo extraordinario: este hecho no sólo no los hizo retractar de su pacto, sino que les acrecentó aún más el odio y el ensañamiento contra el Islam.

En consecuencia, los musulmanes debieron regresar a la que­brada y luego de un tiempo tuvieron lugar los acontecimientos relata­dos antes que dieron por finalizado el bloqueo. Este finalizó a media­dos del mes de Rayab del año noveno de la misión profética.

Naturalmente que las molestias con que Quraish agobió al Profe­ta (B.P.) no se limitan a lo expuesto en este libro. Sus acechanzas fue­ron mucho más numerosas. Una de ellas consistía en llamar estéril al Profeta (B.P.) (por carecer éste de descendientes varones, muy apreciados por los árabes), como forma de menospreciarlo.

Cuando alguien lo nombra­ba uno de los enemigos del Islam, de nombre Ass Ibn Uail, decía: “Dé­jenlo en paz. Es estéril y cuando muera su prédica se extinguirá con él”. Entonces fue que se reveló la sura AI-Kauzar, La opulencia:

“Por cierto que te agraciamos con la opulencia. Ora pues a tu Se­ñor y sacrifica. Ciertamente que quien te aborrezca ese será el estéril” (Corán 108).