Capítulo 48: El Octavo Año de La Hégira (2ª parte)
La Batalla de Zatu Salasel
Desde el día en que el Profeta (B.P.) se trasladó a Medina esta ciudad se convirtió en el corazón del Islam. Desde allí, en forma continua, el Profeta (B.P.) vigilaba la situación y movimientos de sus enemigos, y daba siempre la mayor importancia a la información que obtenía sobre sus planes y confabulaciones.
Enviaba a agentes hábiles y experimentados a los alrededores de la Meca y a las diferentes tribus para informarse con la necesaria antelación de las decisiones de sus opositores. Gracias a estas informaciones que recababa le fue posible ahogar en sus mismos inicios muchos intentos agresivos, enviando contra ellos alguna pequeña expedición. De esta forma el Islam naciente iba sorteando los peligros con inmunidad y sin grandes derramamientos de sangre.
Sólo hoy día, en que la información de inteligencia sobre el poder del enemigo se considera uno de los factores fundamentales del triunfo, y para lo cual los gobiernos de todo el mundo han dispuesto sofisticadísimos medios, se comprende la importancia de esta táctica que el Profeta (B.P.) introdujo por primera vez en esa región del mundo. Luego de su deceso los califas y en especial el Imam Alí (P), solían también ponerla en práctica.
Cuando el comandante de los creyentes designaba un gobernador para un sitio en especial primero designaba a algunas personas para que investigaran sobre su vida y se lo transmitieran. Durante el segundo año de la Hégira el Enviado de Dios (B.P.) envió a 80 emigrados comandados por Abdullah Yahesh a las cercanías de la Meca con el fin de enterarse de los planes y los movimientos de Quraish.
Si en la batalla de Uhud el Profeta (B.P.) no fue sorprendido por Quraish, y antes de su llegada pudo concentrar sus fuerzas en las afueras de Medina, y en la batalla de los confederados tuvo tiempo para cavar una gran zanja en tomo de la ciudad, fue siempre gracias a las informaciones que le proporcionaban sus agentes y emisarios.
Esta sabia actitud de Muhammad (B.P.) es una gran lección para todos los musulmanes, y es un deber de todo líder islámico ponerse al tanto de las maquinaciones contra el Islam que se urden en el seno de los países musulmanes o en cualquier lugar del orbe, y tratar de sofocarlas en sus inicios.
En la batalla de Zatu-Salasel fue posible sofocar una gran sedición contra el Islam gracias precisamente a la labor de inteligencia que mencionamos. Veamos los detalles.
Los agentes del Profeta (B.P.) le informaron que en un territorio llamado Uadiul-Iabes (el valle seco) se habían concentrado miles de efectivos aliados con el propósito de atacar al Islam con todo su poder, y que se habían conjurado a morir o matar a Muhammad (B.P.) y a Alí (P), su victorioso comandante.
En su libro sobre interpretación del Corán, Alí Ibn Ibrahim Al-Qummí escribe: “El ángel de la revelación fue quien enteró al Profeta de este complot”. Sin embargo el gran sabio shi‘ita, Sheij Al-Mufid, dice: “Fue un musulmán quien le informó acerca de la coalición”. Y relata: “Estas tribus habían decidido atacar por la noche y acabar con el Islam”.
El Enviado de Dios (B.P.) notó imprescindible notificar a los musulmanes del gran peligro que los acechaba. En aquellos días se solía convocar a la oración colectiva o para escuchar noticias, vocear la frase “As-Salátu-l-yámi'at” (la oración comunitaria). Un musulmán subió entonces a la azotea de la Mezquita y convocó a la comunidad. En breve todos acudieron.
Muhammad (B.P.) subió al púlpito y habló: “Los enemigos de Dios los están acechando y decidieron sorprenderlos en una embestida nocturna. Debemos desbaratar esta sedición”. De inmediato un grupo de hombres se preparó para partir bajo el comando de Abu Bakr. Se encaminaron hacia la tribu de Banu Salim. El trayecto por el que debían transitar era extraordinariamente rocoso.
La tribu mencionada moraba en un amplio valle y cuando los soldados musulmanes quisieron ingresar allí se toparon con una fuerte resistencia de su parte. Al comandante no le quedó otra solución más que ordenar el regreso.
Escribe en su libro Alí Ibn Ibrahim: “Cuando los jefes de la tribu interrogaron a Abu Bakr sobre el objetivo de su presencia en el lugar éste les respondió: “Soy un emisario del Profeta (B.P.) y tengo el encargo de convocarlos al Islam, y si se rehúsan deberé luchar contra ustedes. En ese momento los jefes le mencionaron su gran número (de hombres), atemorizándolo. A pesar del deseo de luchar de los musulmanes Abu Bakr ordenó la partida”.
El regreso del grupo expedicionario entristeció al Profeta (B.P.). Entonces confió la comandancia a Umar. Esta vez el enemigo estaba más alerta que antes y se habían atrincherado y parapetado en el terreno rocoso que había a la entrada del valle. Cuando las huestes musulmanas llegaron al lugar salieron de su escondite y los sorprendieron entablando una fuerte lucha. De inmediato el comandante ordenó el regreso.
Amru Ibn Al-As, el astuto político árabe que recientemente había adherido al Islam visitó al Profeta (B.P.) y le dijo: “Al-harbu judatun”, es decir: el triunfo en la guerra no sólo se debe a la valentía y la fuerza material sino también a la inteligencia y la astucia. Agregó: “Si yo fuera el comandante con seguridad que obtendría la victoria.
Basándose en algunas conveniencias del momento el Enviado de Dios (B.P.) aceptó su propuesta, pero no obstante corrió la misma suerte que sus antecesores.
Alí (P) es designado el comandante
Los consecutivos fracasos sumieron en la desazón a los musulmanes. Finalmente el Profeta (B.P.) designó una tropa y nombró a Alí (P) su comandante, entregándole la bandera. Alí (P) entró en su casa y le pidió a su esposa Fátima un pañuelo que él solía atar en su frente en los momentos de mayor dificultad. La hija del Profeta se echó a llorar. El Enviado de Dios (B.P.) la consoló y le secó las lágrimas.
Luego acompañó a Alí (P) hasta la mezquita de Ahzab. Alí (P), montando un caballo blanco y negro se puso en marcha en una dirección diferente, al punto que los soldados creyeron que se dirigirían a Irak. El Enviado de Dios (B.P.) pronunció entonces la siguiente frase: “Lo elegí porque es el que ataca con valor y jamás da la espalda al enemigo”.
Claves del Triunfo del Comandante de los Creyentes en esa Batalla
Podemos resumir en los tres puntos siguientes las causas que condujeron al triunfo al grupo conducido por Alí (P) en esta batalla:
1) No permitió que el enemigo se enterara de su objetivo, pues al salir cambió de rumbo. De esta forma sabía que la noticia no llegaría a sus oídos ni por medio de los beduinos ni a través de las tribus vecinas.
2) Alí (P) utilizó un importante principio militar para disimular sus intenciones y sus movimientos hasta el último momento. Viajaban por la noche y descansaban durante el día. En las cercanías del valle el comandante ordenó a los soldados amarrar los hocicos de los caballos para que sus relinchos no despertaran la atención del enemigo o sus guardias. Al amanecer él y sus seguidores oraron. Luego subieron a la montaña y se dirigieron al valle, y cual un relámpago el ejército del Islam se abatió sobre su rival mientras aún dormían. Algunos fueron tomados prisioneros, otros se dieron a la fuga.
3) La valentía incomparable en el combate del Comandante de los creyentes, que abatió él solo a siete enemigos que aún resistían.
Alí (P) regresaba así victorioso a la ciudad de Medina, y el Enviado de Dios y sus fieles se dispusieron a recibir al triunfante ejército islámico. Cuando vio al Profeta (B.P.), Alí (P) bajó de su caballo. Muhammad (B.P.) lo palmeaba y le decía: “¡Monta tu caballo, Dios y Su Enviado están satisfechos de ti!”
En ese instante los ojos de Alí (P) se llenaron de lágrimas de alegría y el Profeta (B.P.) pronunció una célebre frase a su respecto que dice: “Si no fuera por temor a que una parte de mi comunidad diga de ti lo que los cristianos dijeron de Jesús (P), pronunciaría una frase a consecuencia de la cual las multitudes rescatarían como bendición la tierra en la cual tú transitas”.
Este sacrificio tuvo tanto valor que fue revelada la sura Al-Adiiat: “¡Por los corceles corredores, jadeantes! Chisporroteantes, atacadores al amanecer, en que levantan polvareda, y que irrumpen en las columnas adversarias”. (Corán 100: 1 - 5).
Respuesta a una lógica pregunta
¿Por qué el Corán jura por los jadeos de los caballos y las chispas que salen de sus herraduras al chocar contra las piedras? Tal juramento demuestra la importancia de la guerra santa contra los opresores, pero además en un ejército que combate, no solamente el Islam proporciona el valor a sus hombres, sino también los animales e instrumentos con que participan de la batalla.
Estos también son considerados santos y poseen un mérito, el gran mérito que se deriva de destruir la opresión y la injusticia salvando a la humanidad del yugo de los malvados. El Sagrado Corán (al efectuar este juramento) destaca lo sagrado del esfuerzo de estos animales y sus jadeos, y con ello convoca a los creyentes a reunir fuerzas con el fin de romper las cadenas de hierros que humillan a los pueblos.
En la actualidad aquellos caballos de antaño se han convertido en veloces vehículos, y aquellos jadeos son ahora los estruendos de sus motores y armas, pero igual, como al principio del Islam, los rodea un halo de santidad y nobleza cuando son utilizados contra la opresión y por la fe.