Jabbâb Ibn Arat, El Hombre De Acero
Abû Yahîa o Abû Abdul.lah fueron los apodos de Jabbâb Ibn Arat. Él fue considerado uno de los sahâbah y pioneros del Islam.
Jabbâb fue un joven esclavo que vivía y servía en la casa de una mujer de la tribu de Jazâ'ah o Banî Zuhreh en la Ciudad de la Meca. El oficio de Jabbâb era la herrería y se dedicaba a arreglar las espadas. El Mensajero de Dios (BP) frecuenta a este joven, al cual apreciaba y estimaba. Jabbâb también, como consecuencia del encanto y de la pureza de su corazón, tuvo fe y aceptó el Islam desde los primeros días en los que Muhammad (BP) fue elegido profeta. Han dicho que él fue la sexta persona que se hizo musulmán y poseía una fuerte y firme fe, a tal grado que las fuertes torturas que le fueron ocasionadas no le hicieron cambiar de creencias ni de religión.
Los idólatras de la Meca lo aprisionaban y, al igual que a muchos otros, le hacían vestir una armadura, sentar bajo el ardiente sol y sobre las piedras de la Meca para desesperarlo a través del calor y la temperatura del hierro y las piedras, y para que de esta forma dejase de lado sus creencias religiosas. Cuando observaron que estas torturas no hacían efecto en él, encendieron leña, lo desnudaron y tumbaron sobre las llamas ardientes.
Tiempo después, Jabbâb relató: "En ese momento, un hombre del Quraîsh vino y colocó su pie sobre mi pecho, manteniéndolo así hasta que la carne de mi cuerpo apagó el fuego". Hasta el final de su vida, las cicatrices pudieron apreciarse sobre la espalda de Jabbâb.
En una ocasión, después de que 'Umar tomara el califato, éste fue a visitar a Jabbâb y le preguntó por las torturas que había sufrido al inicio del Islam por parte de los idólatras del Quraîsh. Jabbâb dijo: "Mira mi espalda". Y cuando la vio exclamó: "¡Hasta hoy día no había visto algo igual!"
Sha'bî cuenta: "Jabbâb fue de aquellos que soportaron las torturas de los idólatras y rechazó dejar su fe en Dios". Los idólatras, al observar esto, calentaron piedras y las colocaron en su espalda hasta que se le derritió la piel y la carne.
Mencionamos que Jabbâb fue el esclavo de una mujer llamada Umm Anmâr. Desde el día en que informaron a esta mujer que Jabbâb se había convertido en musulmán, calentaba un pedazo de hierro y lo colocaba sobre la cabeza de Jabbâb, procurando de esta forma que Jabbâb rechazara al Mensajero de Dios (BP) y a la religión que había aceptado.
Jabbâb se quejó con el Profeta (BP) de las torturas que le daban. El Mensajero de Dios (BP) suplicó por él y dijo: "¡Dios mío, ayuda a Jabbâb!" Después de esta súplica, su dueña enfermó de una fuerte jaqueca, y a consecuencia del gran dolor que sentía, aullaba como los perros. Un día, para apaciguar el dolor, le prescribieron que calentara un pedazo de hierro y lo colocara sobre su cabeza. La mujer ordenó a Jabbâb que así lo hiciera.
Tiempo después, cuando 'Alî (P) se dirigió a la batalla de Siffîn, Jabbâb se encontraba enfermo e indispuesto, siendo esta la causa por la que no pudo participar en esa batalla, y de que se encontrase fuera de Kufah en el momento de su muerte 'Alî (P). Cuando este noble regresó de la Batalla de Siffîn y se enteró de la muerte de Jabbân, dijo: "¡Dios perdone a Jabbâb Ibn Arat que aceptó el Islam por gusto y deseo, obedientemente emigró y siempre economizó en sus gastos!"
Jabbâb, según lo que muchos dicen, murió en el año 37 (dHL) en la ciudad de Kufah. Obedeciendo su testamento, lo enterraron a las afueras de Kufah. Él fue la primera persona enterrada ahí, ya que, hasta ese día, a cualquiera de los musulmanes que muriese lo enterraban en su casa o en las orillas de la calle. Tras de la muerte de Jabbâb, los demás musulmanes también lo imitaron y desde entonces enterraron a sus muertos en las afueras de la Ciudad de Kufah.1
- 1. Al Isâbah, t. 1.p. 416 Hilîat Al Aûlîîa’, t. 1, p. 143; Sifat As Safwah, t. 1, p. 168; Al I'lâm, Ziriklî, t. 2, p. 301; Istî'âb, t. 1, p. 423; Bihâr Al Anwâr, t. 22, p. 325 y 339; Al Jisâl, t. 1, p. 150; Safinat Al Bihâr, t. 1, p. 373.