Introducción del Autor

En el Nombre de Dios, El Compasivo, el Misericordioso

La Alabanza sea para Allah, Señor del Universo; y que las bendiciones y la paz sean con Muhammad, Mensajero de Dios y Sello de los profetas, y sobre los purificados de la gente de su casa, los depositarios de su secreto, los contenedores de su conocimiento.

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Sobre el Autor

El Aiatullah Ya‘far Subhani creció en una casa teñida de conocimiento y piedad. Al terminar sus estudios clásicos estudió en la Biblioteca del fallecido Sheij Mahmud Fadil Al-Muragui.

En el año 1371 (Hégira) ingresó a la Universidad de Estudios Islámicos de Tabriz y estudió las diferentes ramas del idioma y literatura árabe como la Morfología (sarf), la Sintaxis Gramatical (nahw), la Retórica (ma‘ânî wa baiân); la Lógica (mantiq); los primeros niveles de Jurisprudencia Islámica (fiqh) y Principios de Jurisprudencia (usûl al-fiqh).

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Prefacio A La Edición En Castellano

En el Nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso

La Alabanza sea para Allah, Único, sin asociados, Creador de los Cielos y la Tierra, Originador de todos los seres…

Testifico que no hay divinidad sino Dios, Quien escucha las súplicas, Quien es digno de adoración, Quien duplica las recompensas…

Y testifico que Muhammad es Su siervo y Mensajero, A quien envió con la guía para toda la humanidad…

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Conclusión

Tanto por las fuentes históricas seguras como por el testimonio mismo del Corán, sabemos que la conciencia del Profeta (PBd) estaba virgen de toda enseñanza proveniente de un ser humano. No aprendió sino a la sombra de la Enseñanza Divina. No ha estado alimentado más que por la Verdad (por Dios Mismo). Es una flor regada por la propia mano de Dios.

A pesar de la ausencia en él de cualquier enseñanza tomada a través de la pluma, el papel y la tinta, el Libro Divino jura que la escritura y la lectura son actos santos:

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Críticas de estas afirmaciones

1.- Hemos visto que los comentaristas entrevieron tres explicaciones diferentes y no, como pretende, una única explicación.

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Una extraña aseveración

Algunos periódicos iraníes publicaron, hace algo más de cuatro años, extractos de una conferencia dada en el transcurso de un congreso islámico en India. Esta conferencia trataba del asunto que nos interesa aquí y estaba impartida por el doctor Sayyid Abdullatif Haidarabadi, presidente del Instituto de Estudios Culturales de la India y del Oriente Próximo, y presidente de la Academia de Estudios Islámicos de Hyderabad. Posteriormente, esta conferencia fue publicada en inglés en esa misma ciudad.

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El acontecimiento de Hudaybiyyah

Hay incidentes en la vida del Profeta que prueban que no leía ni escribía durante su etapa en Medina. Las consecuencias históricas del célebre acontecimiento que tuvo lugar en Al Hudaybiyah le han conferido una gran importancia. Aunque los documentos antiguos y los relatos modernos concernientes a este tema presentan diferencias, sí exponen los casos, permitiendo así dilucidar bien el asunto.

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Los escribas del Profeta

Se puede citar de los relatos históricos islámicos antiguos y dignos de fe que el Enviado de Dios (PBd) tenía un grupo de escribas en Medina, los cuales registraban por escrito la Revelación, las Palabras del Profeta, los contratos entre la gente, las promesas que hacía el Profeta a los politeístas y a las Gentes del Libro, las listas de donativos, de impuestos, botines de guerra y del jums (impuesto anual de un quinto de lo que se ha ahorrado sobre algunas rentas), así como las numerosas cartas que el Profeta hacía llegar a diferentes personas.

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La época de la difusión del Mensaje, particularmente en Medina

El estudio de todas las investigaciones realizadas nos proporciona la certeza de que el Enviado de Dios (PBd) no sabía ni leer ni escribir en los tiempos de la difusión del Mensaje. Pero las opiniones de los sabios musulmanes, chiitas y sunnitas difieren en este punto. En efecto, algunos de entre ellos consideran como improbable que la Revelación (Wahy) le haya gratificado con el don de todas las cosas, salvo de la aptitud de leer y escribir.

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La escritura en el Hiyaz

El estudio de las corrientes históricas nos muestra que, en los albores del Islam, no existía en la península más que algunos individuos, y en número muy limitado, que sabían leer y escribir. Al Baladhuri1 nos relata al final de su libro Futah al Buldan (“La conquista de las regiones”) el inicio de la escritura en el Hiyaz.

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