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Capítulo 25: La Aventura de la Emigración

El gobierno de la Meca poseía una casa llamada Daru-n-Nadua que se destinaba a discutir los asuntos políticos de la comunidad. En ella se reunían los jefes de las tribus e intercambiaban ideas respecto a asun­tos complejos. En los años 12 y 13 de la misión profética los mequinenses idólatras se enfrentaron de pronto con un gran peligro prove­niente de los musulmanes que amenazaba su existencia e independen­cia.

El importante asentamiento que los musulmanes habían consegui­do en la ciudad de Iazrib y la protección que las tribus locales brinda­ban a los musulmanes y al Profeta eran un antecedente grave. En el mes de Rabi‘Al-Auual del año 13 de la misión profética, el mismo mes en que el Profeta emprendería su emigración a Iazrib, no permanecían en la ciudad más que pocos musulmanes: El Profeta (B.P.), Alí, Abu Bakr y un grupo pequeño.

Faltaba poco para que todos abandonaran la Meca cuando los quraishitas decidieron emprender una acción cate­górica y peligrosa. La reunión del consejo se concretó en Daru-n-Nadua. Un vocero del grupo, al comienzo de la reunión, se refirió a la concen­tración de fuerzas de los musulmanes en Iazrib y el apoyo y pacto rea­lizado entre estos y los Ausíes y Jazrayíes.

Luego agregó: “Nosotros, gente del Haram (templo sagrado de la Ka‘aba), éramos respetados por todas las tribus, pero Muhammad ha arrojado la piedra de la desunión y se ha convertido en un gran peligro. Ya se ha desbordado la copa de nuestra paciencia. El único camino que nos resta es elegir un hombre valiente de entre nosotros para que lo mate ocultamente, y si Banu Ha­shim comienza una disputa le pagaremos el precio de su sangre”.

Un anciano desconocido que se presentó como Naydí rechazó esta idea diciendo: “Jamás se conseguirá eso que dices. Banu Hashim no de­jará con vida al asesino de Muhammad y el precio de su sangre no los satisfacerá. Cualquiera que desee poner en práctica este plan debe en primer lugar estar preparado para sacrificar su vida y tal persona no está entre ustedes”.

Otro de los líderes presentes, llamado Abul Bajtarí, dijo: “Es me­jor encarcelarlo, dejándolo totalmente incomunicado y así impedir la difusión de su doctrina”.

El anciano volvió a tomar la palabra para decir: “Esta idea no es mejor que la anterior, pues en ese caso Banu Hashim lucharía contra ustedes para liberarlo y si no tuviera éxito pediría auxilio de otras tri­bus en épocas de peregrinación y juntos lo lograrían”.

Una tercera persona expresó su idea diciendo: “Es mejor que lo montemos a un camello rebelde y salvaje, le atemos los pies al mismo y lo dejemos libre de modo que éste lo golpee contra montañas y pie­dras despezándolo. Si se salva y baja en territorios de tribus ajenas y desea difundir el Islam, ello lo matarán porque son idólatras empeder­nidos. Se salvarán y nos salvarán de su maldad”.

Otra vez el anciano rechazó la idea y dijo: “La dulzura y encanto de su palabra y la magia de su discurso ya han quedado en evidencia, y por su medio seguramente logrará que se le unan quienes lo rescaten y os atacarán”.

El desconcierto y el silencio reinaban en la reunión. De pronto Abu Yahl (y según otras fuentes el anciano) expresó esta idea: “El único camino que no presenta obstáculos es que elijamos un miembro de cada tribu para que todos en conjunto ataquen su casa y le den muerte. De este modo la culpa recaerá sobre todas las tribus y Banu Hashim no podrá vengarse de todas ellas”.

Esta idea sí fue aceptada por una votación unánime. A continuación, se eligió a los asesinos y se les instruyó sobre cómo concretar su misión esa misma noche.

El Auxilio Invisible

Los inicuos creían que el movimiento de la profecía era igual que otras organizaciones humanas que podían destruirse con planes como esos. Jamás se les ocurrió pensar que el Enviado de Dios (B.P.), al igual que los Profetas y Mensajeros que le precedieron, gozaba del auxilio invisible de Dios, y que el mismo poder que había podido ponerlo a salvo y hacerlo crecer durante 13 años, también podía desbaratar sus planes con facilidad.

Según lo que afirman los intérpretes del Sagrado Corán, el ángel de la Revelación descendió y le comunicó al Profeta (B.P.) los siniestros planes de los impíos en la siguiente aleya coránica: “¡Mensajero! Los incrédulos se confabulan contra ti para aprisionarte, matarte o expul­sarte. Se confabulan, pero Dios desbarata sus planes, porque Dios es el más ducho de los desbaratadores” (Corán 8: 30).

Al Enviado de Dios le fue ordenado entonces partir de la Meca hacia Iazrib. No obstante ponerse a salvo de la mano de los verdugos del gobierno idólatra con la constante vigilancia que ejercían sobre él no era una tarea fácil. Si no abandonaba la Meca sobre un plan bien concebido corría peligro que se enteraran, lo persiguieran y lo mataran an­tes de que llegara a su destino.

El ángel de la Revelación había ordena­do al Profeta (B.P.) emigrar esa misma noche. El Enviado de Dios (B.P.) pi­dió entonces a Alí (P) que durmiera en su lecho y sacrificara su vida por la continuación del Islam para que así, los inicuos imaginasen que el Pro­feta (B.P.) no saldría y se concentraran en rodear su casa, dejando libre el paso de la gente en otros sectores de la ciudad.

El beneficio del papel que jugaría Alí (P) consistía en que los secua­ces de Quraish vigilasen la casa del Profeta (B.P.) para que al mismo tiempo éste pudiera refugiarse en otros puntos sin que se dieran cuenta.

Alí (P), quien fuera el primero en creer en la misión profética de Mu­hammad (B.P.), fue el elegido para ocupar su lugar en el lecho del Profeta (B.P.) poniendo en peligro su vida. El Profeta (B.P) le dijo a su primo: “Esta noche duerme en mi lecho y la sábana verde que siempre pongo sobre mí ponla sobre ti, pues han hecho un complot para matarme y yo debo emigrar a Iazrib”.

Alí (P) desde el comienzo de la noche durmió en el lecho del Profeta (B.P). Pasaron unas horas y 40 de los conjurados terroristas bloquearon ro­deándola, la casa del Mensajero de Dios (B.P.). A través de una hendija mira­ron dentro de la misma. Observaron que la situación era normal y pen­saron que el que estaba dormido era el Profeta (B.P.).

En ese momento el Enviado de Dios decidió salir de la casa. Los enemigos vigilaban. Por otro lado, la voluntad de Dios Omnipotente era salvar al líder del Is­lam de las garras de esos inicuos. El Enviado de Dios (B.P.) recitó la sura Ya Sin (36) por la concordancia que tenían sus aleyas con la situación. Re­citó hasta llegar a la siguiente aleya:

“y les pusimos una barrera delan­te y otra detrás y les ofuscamos sus ojos para que no pudieran ver” (Corán 36:9).

Sin demora el Profeta (B.P.) salió de la casa y se dirigió a un lu­gar previamente determinado. Pero la forma en que pudo romper el círculo de bloqueo de la ciudad sin que los vigilantes no se dieran cuen­ta no queda claro.

De un dicho narrado por un conocido intérprete del Corán, Alí Ibn Ibrahim, se desprende que en el momento de salir el Profeta (B.P.) todos se habrían dormido esperando que amaneciera para ata­car la casa, ya que no se imaginaban que Muhammad (B.P.) pudiera estar in­formado del complot.

Otros historiadores dicen que ellos estaban despiertos hasta el momento en que atacaron la casa, y que el Enviado de Dios (B.P.) pasó entre ellos milagrosamente sin que lo vieran (valiéndose del poder de la aleya coránica de la sura Ya Sin antes mencionada).

Algunos otros por último dicen que el Enviado de Dios (B.P.) ha­bía abandonado la casa antes del bloqueo, o sea antes del anochecer.

La ofensiva contra la Casa del Profeta (B.P.).

Las fuerzas complotadas rodeaban la Casa del Profeta (B.P.) esperando la orden para atacar y asesinar al Profeta (B.P.) en su propio lecho. Un grupo insistía en concretar el plan en medio de la noche. Entonces Abu La­hab, que se encontraba entre ellos, se levantó diciendo: “Los hijos y las mujeres de Banu Hashim están en la casa y es posible que en el in­tento sean dañados”.

Algunos dicen que el motivo del retraso fue que querían asesinar al Profeta (B.P.) al amanecer ante los ojos de miembros de Banu Hashim para que quedara en claro que el asesino no era una sola persona sino un grupo de varias tribus. Decidieron finalmente que se procedería al amanecer.

Los velos de la noche se descorrían y la mañana finalmente rom­pió la negrura del horizonte. Se produjo entonces una extraña emo­ción en el grupo incrédulo: se veían ya en la concreción de su propó­sito. Empuñando sus espadas y puñales irrumpieron todos en la casa entrando de lleno en la habitación del Profeta (B.P.).

En ese momento Alí (P), corriendo la sábana verde que lo tapaba, se levantó y dijo: “¿Qué hacéis?” “¡Queremos a Muhammad! ¿Dónde está?”, le espetaron los inicuos. Alí (P) hábilmente contestó: “¿Acaso me lo habíais confiado a mí para que ahora me lo pidáis? No está aquí”.

Los verdugos se en­furecieron entonces por haber esperado hasta el amanecer. Culpaban a Abu Lahab por haberles impedido atacar por la noche. Muy irritados pensaban los conjurados que en tan poco tiempo Muhammad (B.P.) no po­día haber salido de la Meca. O se había escondido en la ciudad o esta­ría iniciando su viaje a Iazrib. Con esta última convicción comenzaron los preparativos para encontrarlo y prenderlo.

El Profeta (B.P.) en la Cueva de Zaur

Lo que es seguro es que el Enviado de Dios (B.P.) pasó la noche de la emigración y dos noches más junto con Abu Bakr en la cueva de Zaur ubicada en el sur de la Meca. En cuanto a su compañía no se sabe cómo se produjo. Algunos creen que fue accidental, es decir que el Enviado de Dios (B.P.) lo vio en el camino y lo llevó con él.

Otros, dicen que Muham­mad (B.P.), la misma noche, fue a la casa de Abu Bakr y a media noche los dos la abandonaron y se dirigieron a la cueva. Algunos por último sostienen que Abu Bakr fue a la casa del Profeta (B.P.) cuando éste ya había salido, y Alí (P) le indicó cual era su escondite.

Los intentos de Quraish por encontrar al Profeta (B.P.)

El fracaso les hizo cambiar el plan a los quraishitas. Cerraron los caminos y pusieron vigilantes en todas las rutas conocidas hacia Medi­na, empleando hábiles rastreadores para conocer en dónde se encon­traba el Profeta (B.P.).

También expidieron un comunicado que decía que cualquier per­sona que tuviera información del escondite de Muhammad (B.P.) tendría 100 camellos cómo recompensa. Los jóvenes quraishitas emprendieron la búsqueda por los caminos del norte de la ciudad, mientras que el Pro­feta (B.P.), para desbaratar sus planes había ido hacia el sur, la dirección opuesta hacia donde se encuentra Iazrib.

El hábil rastreador de la Me­ca, Abu Karz, que conocía el rastro del Profeta (B.P.), llegó a la cueva y dijo: “Los rastros de Muhammad llegan hasta aquí y es probable que esté en la cueva”. Ordenó a uno de sus acompañantes entrar a la misma a buscarlo. Cuando éste llegó a la entrada de la cueva notó que su entrada estaba sellada por gruesas telas de araña y en el paso había un nido de palomas habitado.

Esto es considerado un milagro por los historiadores. Regresó quien había ido a revisar la cueva sin entrar y dijo: “Hay telas de arañas en la entrada que demuestran que nadie ha entrado allí”. La búsqueda continuó durante tres días y sus noches has­ta que los invadió el desaliento y abandonaron la persecución.

El Sacrificio por la Verdad

Un punto que destacar de este acontecimiento de la historia islá­mica es el sacrificio de Alí (P) en pro de la verdad. Esta disposición al sa­crificio es un signo de hombres que aman la verdad, y que están dis­puestos a sacrificarse con su vida y bienes por su triunfo. La plenitud y felicidad que entrevén en su objetivo los lleva gustosos a renunciar a la transitoria vida del mundo por la vida eterna.

El acto de Alí (P) de ocupar el lecho del Profeta (B.P.) en esa difícil noche es una señal evidente de su jerarquía y de su fe, de su fir­meza en la defensa del Islam, y el convencimiento de que este trae la felicidad para toda la sociedad. Esta forma de sacrificio tiene un valor tan elevado que el Creador del universo lo considera especialmente en el Sagrado Corán como obteniendo la complacencia divina.

Según la mayoría de los intérpretes del Libro sagrado la siguiente aleya fue revelada con motivo de la acción de Alí (P): “Entre la gente hay quien se sacrifica por obtener la complacencia de Dios. Pues Dios es Compa­sivo para con Sus siervos” (Corán 2:207).

Este acto de Alí (P) provocó que todos los grandes sabios del Islam lo consideren como una de las grandes virtudes del Príncipe de los cre­yentes, y que lo presenten como el más valiente y sacrificado de los creyentes.

La verdad no puede ser enterrada en el olvido, pues tarde o tem­prano su realidad brillará detrás de las cortinas de la falsedad con que se ha querido ocultarla. La enemistad de Mu‘auiah con la familia del Profeta (B.P.), especialmente con Alí (P), lo llevó a tratar de manchar su memoria en las páginas de la historia con falsedades y mentiras, y para ello se valió de sobornos a algunos de los compañeros del Profeta (B.P.). No obstante, no tuvo éxito.

Samarat Ibn Yandab, que vivió en la época del Enviado de Dios (B.P.), en los últimos años de su vida apelaba a Mu‘auiah y, a cambio de di­nero, tergiversaba los acontecimientos históricos.

Cierto día Mu‘auiah le pidió directamente que subiera al púlpito y desmintiera que la revelación de la aleya antes citada se refería a Alí (P), y que afirmara que la mis­ma había sido revelada por el asesino de Alí (P), Abdurrahmán Ibn Mul­yam. Como este favor representaba la total venta del honor y la reli­gión para Samarat, Mu‘auiah le ofreció 100.000 dirhams. Aquel no es­tuvo satisfecho por lo que Mu‘auiah debió subir su oferta a 400.000.

El ambicioso anciano se prestó entonces a tergiversar la verdad y oscureció más aún las páginas de su innoble vida. En una reunión gene­ral dijo al pueblo: “La aleya se refiere a Ibn Mulyam y no a Alí (P)”. Los ignorantes y confiados creyeron en su palabra y no se les ocurrió pen­sar que en la época en que se había revelado este versículo Ibn Mulyam no estaba en el Hiyaz y que probablemente ni siquiera lo había dado a luz su madre.

La verdad no obstante no se oculta tan fácilmente y a la larga sale a la luz. Mu‘auiah y su gobierno fueron víctimas de diversas vicisitu­des. Los escritos de los falsificadores de su época se perdieron o cayeron en el olvido, y nuevamente el sol de la verdad despejó las nubes de la ignorancia y la mentira.

Los grandes historiadores e intérpretes del Sagrado Corán, a lo largo de los siglos, han confirmado que la citada aleya se rebeló en Lailatul Mabit (la noche del albergue), que así se lla­ma la noche del complot contra el Profeta (B.P.), y que se refiere sin duda al sacrificio hecho por Alí (P).

El recuerdo de Alí (P) de la noche del complot

El Príncipe de los creyentes cuenta los sucesos de esa noche en una hermosa poesía. He aquí una breve traducción de esta:

“Con mi vida resguardé al mejor hombre

que haya hollado la tierra.

Al mejor de los que circundan la Ka‘aba,

Esa persona es Muhammad.

Lo decidí en el momento en que los incrédulos

contra él se conjuraban.

Pero el Altísimo Dios lo protegió de su confabulación.

Pasé la noche en su lecho, esperando al enemigo,

Preparado para la muerte o la prisión”.

Una tradición conocida

Muchos sabios de las dos principales escuelas del Islam relatan la siguiente tradición: “En aquella noche Dios les dijo a los dos grandes ángeles Gabriel y Miguel: ‘Si yo decretara la vida de uno de ustedes y la muerte para el otro, ¿cuál de vosotros aceptaría esto último (la muerte) dando la vida por el otro?’ Ninguno de los dos se mostró dis­puesto. Entonces Dios les comunicó: ‘Ya mismo Alí ha elegido para sí la muerte sacrificando su vida por la vida del Profeta’. A continua­ción les ordenó descender y asumir la custodia de Alí (P)”.

Continuación del Relato sobre la Emigración

La primera etapa de la emigración del Profeta (B.P.) se cumplió feliz­mente sobre la base del plan establecido. En el medio de la noche el Profeta (B.P.) se había refugiado en la cueva de Zaur desbaratando el plan de sus enemigos y desconcertando a sus perseguidores. No sentía mientras permanecía allí ni el más mínimo desconcierto por el con­trario consolaba a su compañero de viaje en los momentos más críticos:

“¡No te aflijas, porque Dios está con nosotros! Dios infundió en él (Abu Bakr) Su sosiego, le confortó con tropas celestes que no pudisteis ver, anuló la palabra de los incrédulos y exaltó la palabra de Dios, por­que Dios es Poderoso, Prudente” (Corán 9:40).

Durante los tres días que debieron permanecer en la cueva goza­ron de la protección de Dios Altísimo. Visitaban al Profeta (B.P.) en la cueva Alí (P) y Hind Ibn Abi Hale el hijo de Jadiya según el Sheij Al­-Tusi, y según la opinión de muchos otros historiadores lo hacían Abdul­lah Ibn Abi Bakr y Amer Ibn Fuhairah (el pastor de las ovejas de Abu Bakr).

Escribe Ibn Asir: “Por las noches el hijo de Abu Bakr transmitía las decisiones de Quraish al Enviado de Dios (B.P.) y a su padre. También por la noche su pastor trasladaba las ovejas cerca de la cueva para que ambos pudiesen aprovechar su leche. A la vuelta Abdullah caminaba delante de las ovejas para que las mismas borraran su rastro”.

El Sheij At-Tusi escribe en su obra Amalí: “En una de las noches en que Alí (P) y Hind visitaron al Profeta (B.P.) éste ordenó al primero que preparara dos camellos (uno para él y otro para su compañero). De pronto Abu Bakr dijo: ‘Yo ya he preparado dos camellos, uno para ti y otro para mí’. El Profeta (B.P.) le respondió: ‘Acepto luego de abonar su precio’.

Entre las instrucciones que el Profeta (B.P.) dio a Alí (P) estaba la de abonar el camello de Abu Bakr y que al día siguiente notificara en voz alta que cualquier persona que le hubiera confiado algo a él (el Pro­feta), o que fuera su acreedor, lo fuera a ver (a Alí, para que le satisfa­ciera su reclamo).

Luego le habló respecto de la emigración de su hija Fátima, de Fátima Bint Asad (la madre de Alí) y Fátima la hija de Zu­bair, y le recomendó preparar el viaje de las tres mujeres y de los demás miembros de Banu Hashim que desearan emigrar”.

La salida de la cueva

Por órdenes del Profeta (B.P.), en el momento señalado, Alí (P) trajo tres camellos a la entrada de la cueva junto a un guía digno, de nombre Uraiqat. El Enviado de Dios (B.P.) oyó los ruidos de los camellos y entonces bajó de la cueva junto con su compañero. Montaron y se diri­gieron a Iazrib desde el sur de la Meca.

La primera página de la historia islámica

Al tercer día de permanencia en la cueva, cuando el sol había caí­do y se extendía la oscuridad de la noche, los jóvenes quraishitas regresaban a sus casas rendidos y agotados luego de tres jornadas de infructuosa búsqueda. Los 100 camellos ofrecidos en recompensa que­daron sin dueño y se levantó la vigilancia de las rutas que conducían a Iazrib (Medina).

En ese momento, en voz baja, un guía que llevaba tres camellos por encargo de Alí (P), dijo a los refugiados en la cueva: “Es pre­ciso aprovechar la oscuridad de la noche y salir del alcance de los me­quinenses tan pronto como sea posible, y elegir un camino poco tran­sitado”. Esa noche marca el comienzo de la era islámica, momento cru­cial en la historia del Islam naciente que los musulmanes tomaron como origen de su calendario.

¿Por qué el Año de la Emigración es el Comienzo de la Era Islámica?

El Islam es la última y más completa de las religiones reveladas por Dios, pues ha llevado a su completitud las religiones de Moisés y Jesús, con ambos sea la Paz, y da respuestas a todas las condiciones y circuns­tancias de esta época.

Aunque el nacimiento de Jesús (P) es respetado por los musulmanes no es considerado por éstos como el principio de esta era pues han constituido una comunidad independiente, y en cuanto a este tema no tienen por qué imitar a los demás. Desde hacía un tiempo el año del elefante (cuando Abraha intentó con su ejército destruir la Ka‘aba y fue milagrosamente arrasado) constituía el princi­pio de la era de los árabes.

El nacimiento bendito del Profeta del Islam (B.P.) se produjo precisamente en ese año; pero los musulmanes no lo consi­deran el inicio de su historia pues en ese momento todavía no existían ni el Islam ni la Revelación. Por el mismo motivo no se consideró im­portante el momento en que Muhammad (B.P.) fue designado Profeta, puesto que el número de creyentes en ese momento no pasaba de tres perso­nas.

Pero en el año de la Hégira (emigración) los musulmanes obtuvie­ron un gran triunfo: crearon una comunidad y gobierno independiente en Medina. Se salvaron de las opresiones y se concentraron libremente en esa ciudad. Por el significado de este hecho, que marcó el inicio de la victoria del Islam y su expansión definitiva, fue considerado como el inicio de la era islámica.

Actualmente han pasado 1408 años lunares de ese hecho y 1367 años solares.

En otras palabras, en la historia de la comunidad islámica no existe personalidad más elevada e importante que el Profeta Muhammad (B.P.) ni suceso más beneficioso y significativo que la emigración, pues a raíz de ella se dio vuelta la página de la historia humana. El Profeta del Is­lam (B.P.) y los musulmanes se trasladaron de un ambiente opresivo a otro li­bre.

Los medinenses recibieron al líder de los musulmanes calurosamen­te poniendo en sus manos el poder, y en poco tiempo en virtud de este traslado el Islam logró organizarse política y militarmente constituyen­do uno de los gobiernos fuertes dentro de la península, y más tarde de todo el mundo.

De este modo se fundó una gran civilización, tan grande como la humanidad nunca había visto. Si la emigración no hubiese tenido lugar, el Islam habría fenecido en la Meca y el género humano habría quedado privado de su gran bendición.

¿Quién estableció la emigración (Hégira) como origen del calendario y era islámicos?

Contrariamente a la opinión de la mayoría de los historiadores que dicen que el segundo califa (Umar) fue quien estableció la emigra­ción como fecha de origen del Islam, y que fue él quien ordenó sellar las cartas con las fechas correspondientes orientado por el Imam Alí (P), un análisis de las cartas del Profeta (B.P.) indica que fue él mismo quien lo estableció:

l.- Balmán le pidió al Profeta (B.P.) que escribiera para él y su fa­milia algunos consejos. El Profeta (B.P.) llamó a Alí (P) y le dictó algunas cosas. La carta termina del siguiente modo: “Esta carta fue escrita por orden del Enviado de Dios en el mes de Rayab, noveno año de la Hégira”.

2.- Una alianza escrita por Alí (P) por órdenes del Profeta (B.P.) entre mu­sulmanes y cristianos de Nayran está fechada en el quinto año de la Hégira.

3. -Los narradores de tradiciones relatan que el Profeta (B.P.) dijo a Umm Salamah: “Mi nieto Husain será martirizado en el septuagésimo año de la Hégira”.

4.-Un pacto realizado por Jalid Ibn Ualid con el pueblo de Da­masco termina diciendo: “Este pacto se realiza en el año 13 de la Hé­gira”. Y es bien sabido que Damasco fue conquistada en los últimos días del gobierno del primer califa. Los que afirman que fue el segundo califa quien impuso esta, manera de datar reconocen que éste gobernó durante los años 16 y 17 de la Hégira, cuatro años después del pacto que indicamos recién.

5.- Los compañeros del Profeta (B.P.) fechaban los sucesos islá­micos basados en la emigración, pero en lugar de mencionar el año en que se llevaba a cabo lo hacían con los meses. Por ejemplo: “El ayuno del mes de Ramadán fue ordenado (por la Revelación) en el mes 18 de la Hégira”.

Este tipo de procedimiento nos demuestra que hasta el quin­to año de la Hégira los musulmanes continuaron llevando la cuenta por meses hasta que luego de ese año, por orden del Profeta (B.P.), se empezó a contar en años.

El Programa del Viaje

El trayecto que debían recorrer el Enviado de Dios (B.P.) y sus acompa­ñantes por el desierto era de 468 km. Viajar bajo ese sol ardiente más el peligro de ser descubiertos por los quraishitas requerían de un bien or­ganizado plan. Teniendo en cuenta las circunstancias decidieron viajar durante la noche y descansar de día.

No obstante, un hombre vio al Pro­feta (B.P.) y a sus acompañantes desde lejos e inmediatamente se dirigió a la asamblea de los quraishitas a comunicarles en qué dirección iban. Para obtener para sí solo el premio, él, Saraqat Ibn Malik impidió a los demás la persecución del Profeta (B.P.) haciéndoles creer que se había equivocado y que eran otras las personas que había visto.

Volvió ense­guida a su casa, se proveyó de armas y montó su veloz caballo. Apresurando la marcha pronto llegó al lugar donde los musulmanes se en­contraban descansando. Escribe Ibn Asir: “Al darse cuenta de la des­graciada situación el compañero del Profeta (B.P.) se entristeció mucho. Nuevamente el Enviado de Dios (B.P.) lo confortó y le dijo: ‘¡No te aflijas!, Dios está con nosotros’.

Saraqat, seguro de su fuerza y de las ar­mas que portaba no veía ningún obstáculo que le impidiera matar al Profeta (B.P.). En ese momento Muhammad (B.P.), con la certeza y confianza que da la fe plena, suplicó: ‘¡Dios mío! ¡Sálvanos de la maldad de este hombre!’. Entonces, repentinamente, el veloz caballo que montaba Sa­raqat se encabritó violentamente arrojándolo al suelo con fuerza.

Sa­raqat percibió de inmediato que un poder invisible socorría al Profe­ta (B.P.). Se dirigió entonces a él humildemente y le dijo: ‘Mi camello y mi esclavo están a tu disposición, y estoy dispuesto a cumplir cualquier orden’. Muhammad (B.P.) le respondió: ‘No necesito de ti’.

“Según al sa­bio Al-Maylisí el Profeta (B.P.) le habría pedido: “Vuelve y recomienda que no nos persiga nadie”. A su regreso le decía a todo el que se cruzaba. “Regresa que en este camino no hay señal alguna de Muhammad”.

Los historiadores han relatado algunos milagros acaecidos duran­te el viaje de la emigración. Veamos algunos de ellos:

Umm Ma’bad era una mujer valiente y virtuosa; A raíz de la sequía de aquel año sus ovejas estaban débiles y sin leche. Junto a su tienda había una oveja que estaba tan débil que no había podido ir a reunirse con el rebaño. El Enviado de Dios (B.P.) que pasaba por allí le pregun­tó: “¿Tiene leche esta oveja?” “Está demasiado débil como para te­nerla”, respondió la mujer.

Muhammad (B.P.) entonces invocó a Dios dicien­do: “¡Dios mío!, bendice la oveja de esta mujer”. Tras su súplica las ubres del animal comenzaron a llenarse. El Enviado de Dios (B.P.) pidió un recipiente y la ordeñó. En primer lugar, le sirvió la leche a Umm Ma‘bad, luego le dio a su acompañante. Finalmente bebió él. Nuevamente llenó el recipiente y lo entregó a la mujer, para seguir luego su camino.

La entrada al pueblo de Quba

Quba está situado aproximadamente a 12 Km. de la ciudad de Me­dina. Allí vivía la tribu de Bani Amr Ibn Auf. El Enviado de Dios (B.P.) y sus acompañantes arribaron allí el día 12 de Rabi‘Al-Auual.

Un grupo de los emigrados de la Meca y de medinenses aguardaban su arribo. Se hos­pedó en la casa del jefe de la tribu permaneciendo en el pueblo hasta terminar la semana. Durante ese tiempo, junto con los musulmanes pre­sentes, construyó la base de una mezquita. Algunos insistían en que fue­ra pronto a Medina, pero él aguardaba a su primo Alí (P).

Alí (P) luego de la emigración del Enviado de Dios (B.P.) se presentó en­tre la gente de la ciudad y dijo: “Cualquier persona que haya confiado algo a Muhammad que venga a pedido. Con dar las señales recuperaran sus pertenencias”. Luego, y por pedido expreso del Profeta, debía llevar consigo a las mujeres de Bani Hashim y los, restantes musulmanes que hasta ese día no habían podido partir.

Debían partir hacia Medina por el camino de Dhi Tua a la media noche. El Sheij At-Tusi escribe en su libro: “Los espías de Quraish se dieron cuenta del viaje del grupo por lo que se dispusieron a perseguirlos. En el lugar llamado Zashnan se enfrentaron los musulmanes con Quraish.

Se produjo una fuerte discu­sión entre ellos. Las mujeres lloraban. Alí (P) comprendió que no le queda­ba otro camino más que defender a los musulmanes que conducía y al Islam. Volvió entonces su rostro hacia quienes lo acompañaban y excla­mó: “¡Acérquense a mí!” La ira y la resolución se reflejaban en su ros­tro. Los hombres de Quraish al ver que el asunto era serio y asustados por la valentía de Alí (P) optaron por regresar por donde hablan venido”.

Escribe Ibn Asir: “Cuando Alí (P) entró al pueblo de Quba brotaba sangre de sus pies. Avisaron al Profeta (B.P.) de su llegada y le informaron que su estado le imposibilitaba ir a verlo. El Enviado de Dios (B.P.) entonces se dirigió de inmediato donde estaba su primo Alí (P). Lo abrazó y al ver sus pies tan lastimados comenzó a llorar”.

El Enviado de Dios (B.P.) llegó a Quba el día 12 del mes citado, y el arri­bo de Alí (P) se produjo el día 15. Como corroboración de lo expuesto ci­tamos lo que dice Tabari en su libro: “Alí (P) permaneció tres días en la Meca tras la emigración y. durante esos días devolvió a sus dueños lo confiado al Profeta (B.P.)”.

El Jubiloso Recibimiento en Medina

El pueblo de Medina había ingresado en el Islam a lo largo de los últimos tres años y había estado cada año mandando, en la época de la peregrinación, sus representantes para ver al Profeta (B.P.). Muhammad (B.P.) era a quien nombraban en sus oraciones.

Cuando estas personas escucharon que su maestro y guía se alojaba cerca de la ciudad y que pronto se dirigiría a ésta, ¿cuánta emoción y alegría les habría producido tal noticia? Esta fuera de nuestra capacidad el expresarlo.

Los jóvenes Ansár (es decir: “ayudantes”, que así se llamó desde entonces a los residentes de Medina) estaban sedientos del Islam y de su vital y elevada enseñanza. Habían hecho todo lo que estaba a su alcan­ce antes de la llegada del Profeta (B.P.) para purificar su medio de la incredu­lidad y la idolatría. Quemaron los ídolos y purificaron sus casas, el mer­cado y las calles de todo lo que representara idolatría.

Un pequeño ejemplo de la vocación de los Ansár

Amr Ibn Yumuh, uno de los principales de la tribu de Banu Sala­ma, guardaba en su casa un ídolo. Los jóvenes musulmanes de la tri­bu, para hacerle entender que ese pedazo de madera no poseía ningún poder, se lo robaron un día y lo arrojaron en el pozo que se utilizaba como letrina. A la mañana siguiente Amr se levantó y al notar la au­sencia de la figura la buscó hasta encontrarla en el pozo. La extrajo de allí, la lavó e instaló en su lugar.

Esta situación se reiteró varias veces. Finalmente, Amr, harto de la situación, ató una espada al cuello del ído­lo y le dijo: “Si tienes algún poder en el universo, pues entonces defién­dete” Al otro día encontró a su ídolo atado al cadáver de un perro dentro del pozo y observó que la espada había desaparecido.

Cayó en la cuenta entonces de que la jerarquía espiritual del ser humano es de­masiado elevada para inclinarse ante un simple pedazo de piedra o ma­dera. Compuso luego una poesía que en uno de sus tramos dice:

“¡Por Dios! que, si eres un adorado justo,

jamás estarías junto a un perro dentro de un pozo.

¡Alabado sea Dios el Altísimo, dueño de innumerables mercedes!

Él es el Dispensador y Sustentador,

Quien recompensa cada cosa.

Él es Quien me rescató, antes de sumergirme

en la oscuridad de la tumba”.

La tribu de Bani Amr Ibn Auf insistió en que el Profeta (B.P.) permaneciera en Quba, le decían: “Somos personas de trabajo, resistentes y defensores”. Pero el Enviado de Dios (B.P.) no aceptó, y siguió su viaje hacia Medina.

Cuando la camella del Profeta (B.P.) pasó por Zaniiatul Uada‘ (una de las entradas a Medina) y piso la tierra de Iazrib, los musulmanes lo home­najearon al ritmo de una hermosa canción cuya traducción ofrecemos aquí en parte:

“Apareció la luna llena sobre nosotros

desde Zaniiatul Uada.

Es obligado nuestro agradecimiento

Toda vez que un suplicante implore.

¡Enviado a nosotros!

¡Has traído un asunto digno de ser obedecido!”

Entre los que aguardaban el arribo del Profeta (B.P.) se encontraban miembros de las tribus de Aus y Jazray que se habían provisto de ar­mas. Rodearon su camello y cada uno de los jefes de las grandes fami­lias tomando las riendas de su montura insistían en que se hospedara en sus casas.

El respondía: “No impidan el avance de mi montura. En el lugar en que ella se siente bajaré”. La camella del Enviado de Dios se sentó finalmente en un amplio terreno perteneciente a dos huérfanos de nombres Sahl y Suhail, que vivían bajo la tutela de Asad Ibn Zurara. Era un lugar donde se cultivaba y secaban dátiles.

La casa de Abu Aiiúb se encontraba cerca de dicho predio y la madre de éste aprovechó la oportunidad y llevó las pertenencias del Profeta (B.P.) a su casa. Recomenzó la discusión pues todos querían alojar al Profeta (B.P.) en su casa. El Enviado de Dios (B.P.) terminó con la disputa diciéndoles: “¿Dónde está mi equipa­je?” “La madre de Abu Aiiub lo llevó”, le respondieron. Entonces di­jo: “El hombre va detrás de su equipaje”.

El Origen de la Hipocresía

Abdullah Ibn Ubai fue el primer eslabón de la cadena de la hipo­cresía en el Islam. Había estado a punto de ser el soberano y jefe abso­luto de Medina cuando las relaciones que entablaron Aus y Jazray con el Profeta (B.P.), su ingreso al Islam y los acontecimientos posteriores habían hecho desaparecer poco a poco esta idea. Desde ese momento el odio hacia el líder del Islam se albergó en su corazón y jamás creyó en él.

Se disgustó mucho al observar la gran recepción que los medinenses habían dispensado al Profeta (B.P.) y no pudiendo contener su envidia dijo: “Ve con los que te engañaron y no nos engañes a nosotros”. Saad Ibn Ibada, temiendo que el Profeta le creyera y se entristeciera, le dijo de inmediato: “Él ha dicho esto por envidia, pues estaba a punto de ser nombrado jefe de ambas tribus y con tu llegada el asunto se ha olvi­dado”.

Todos los historiadores afirman que el Enviado de Dios (B.P.) en­tró en Medina un día viernes y que justo en el centro del territorio de la tribu de Bani Salim dirigió la oración colectiva que se celebra ese día de la semana en el Islam. Previo a la oración pronunció un sermón que conmovió el corazón de los presentes, quienes jamás habían escu­chado palabras con tanta sabiduría y contenido.