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Capítulo 6: Su Infancia

El testimonio de la historia confirma que la vida del Profeta del Islam (B.P.) contiene milagros desde su nacimiento hasta su designa­ción como Mensajero de Dios (B.P.).

Existen dos posiciones contradictorias acerca de los milagros:

1) La corriente materialista, perteneciente a los intelectuales y científicos ateos, cuya cosmología, antropología y filosofía de la his­toria es encasillada entre cuatro gruesas paredes de material y que bus­ca, en resumen, encontrar motivos “naturales” a los hechos milagrosos que se sucedieron a lo largo de la historia para acabar de ese modo con la idea de que son productos de la Voluntad Divina.

A menudo inten­tan negar y rechazar los milagros, aunque se encuentren profusamente registrados en fuentes seguras, atribuyéndolos al excesivo celo y amor de los pueblos para con sus tradiciones religiosas.

Además, a raíz del debilitamiento de la fe y por la soberbia que les da el considerarse representantes de la “ciencia”, muchos orienta­listas que se presentan como monoteístas se vuelcan sutilmente a las ideas materialistas. Dicen, por ejemplo: “La profecía: es sólo la preeminencia de ciertos hombres, y los profetas son genios prodigios que iluminan el camino de la humanidad con sus brillantes ideas y refor­mas”.

2) La posición tradicional de las puras religiones monoteístas re­veladas, que es la que cree que todos los efectos que se perciben en es­te plano (la creación, la historia humana en sus puntos culminantes, etc.) están bajo la dirección de un mundo superior.

En otras palabras, que el universo material no es independiente y autosuficiente, y que el origen de las doctrinas humanas verdaderas, de las leyes naturales, etc., no es sino la Voluntad Divina, la que con Su Poder provoca su exis­tencia y subsistencia.

No obstante, y a pesar de que esta posición ad­mite todas estas leyes, no las considera absolutamente estables e inva­riables, sino que según su creencia pueden ser modificadas por Aquel que les dio origen y las sostiene, y que los milagros de los Profetas (P), que se apartan de las leyes naturales, son también productos de esa Voluntad omnipotente del Creador y Señor.

Sucesos asombrosos de la infancia del Profeta (B.P.)

Se narra que Halimah relató: “Luego de asumir la responsabili­dad de criar y educar al hijo de Amina quise amamantarlo delante de ella. Di al bebé mi pecho izquierdo, pero él se inclinaba hacia el dere­cho. Yo no quería dárselo pues nunca había tenido leche en él, pero ante la insistencia del niño cedí a hacerlo. Apenas comenzó a succio­nar los secos conductos se llenaron de leche. Este hecho impresionó a to­das las que se encontraban presentes”.

Dijo también Halimah: “Desde el día en que llevé el niño a mi hogar la bendición de Dios nos abarcó; nuestros bienes y ganado se incrementaron”.

Cinco años en el desierto

El Profeta (B.P.) vivió cinco años con la tribu de Bani Sa‘d. Hali­mah lo había llevado a visitar a su madre en dos oportunidades. La ter­cera vez que lo llevó fue para dejarlo allí para siempre.

El primer viaje que realizó Halimah junto al pequeño hacia la Me­ca fue cuando éste culminó su período de lactancia. Halimah no que­ría volver a su casa sin el niño y por tanto le pidió a su madre que se lo dejara llevar otra vez. Amina aceptó la propuesta, pero el principal motivo de su decisión fue la noticia de que una peste estaba por azo­tar a los mequinenses.

El motivo del segundo viaje de Halimah fue cuan­do un grupo de monjes etíopes descubrieron en el pequeño todas las señales que, según sus libros sagrados, poseería el futuro Mesías. Quisieron apoderarse de él y Halimah se vio obligada así a viajar a la Meca.

“Y de cuando Jesús, hijo de María, dijo: ¡Hijos de Israel!, cierta­mente soy el Mensajero de Dios (B.P.) enviado a vosotros, corroborante de cuanto de la Biblia me precedió y anunciador de un Mensajero que vendrá después de mí, cuyo nombre será Ahmad (Muhammad). Mas cuando les presentó las evidencias dijeron: ¡Esto es pura hechice­ría!” (Corán 61:6).