Capítulo 39: El Sexto Año de la Hégira (1º parte)
Los Enemigos del Islam Están Bajo Control
Los confederados y la tribu de Banu Quraida fueron derrotados antes de terminar el V año de la Hégira. Medina y sus alrededores estaban en manos de los musulmanes. Las bases del novel gobierno islámico se fortalecieron y una relativa tranquilidad reinaba en todo el territorio. Pero era una paz transitoria. El Enviado de Dios (B.P.) debía vigilar de continuo a sus enemigos y desbaratar cualquier complot justo en el momento de su inicio.
La tranquilidad del medio ambiente le permitió eliminar a algunos de los grupos que habían participado en la guerra de los confederados y que habían huido tras los árabes. Huai Ibn Ajtab fue ejecutado, pero su ayudante Sallam Ibn Abil Huqaiq permanecía en Jaibar.
Y era obvio que este peligroso elemento jamás dejaría de trabajar en la incitación de la lucha contra el Islam, especialmente si se tiene en cuenta que el enemigo idólatra estaba dispuesto para luchar, y más aún si se lo patrocinaba, lo cual daría lugar a una nueva coalición. Basado en tales cálculos el Profeta (B.P.) encomendó a un grupo de valientes de la tribu de Jazray1 eliminar a este sedicioso.
El valiente comando jazrayita penetró en la fortaleza de Jaibar durante la noche y cerraron las puertas de las casas vecinas a la de Sallam. Llamaron a su puerta, su mujer abrió y preguntó quiénes eran. Le respondieron que eran árabes que venían a comprar provisiones. Sin pedir mayores explicaciones la mujer los dejó entrar y los llevó a las habitaciones de su esposo que recién se había acostado.
La mujer se retiró y los musulmanes, para evitar que escuchara cualquier tipo de ruidos, cerraron también la puerta de la habitación. Luego acabaron con la vida del peligroso sedicioso que durante mucho tiempo había privado de la tranquilidad a los musulmanes. De inmediato abandonaron la casa y se escondieron.
La esposa de Sallam comenzó a gritar y sus vecinos se despertaron. Provistos de luces de noche comenzaron a perseguir a los jazrayíes, y al no encontrarlos regresaron a sus moradas. Uno de los musulmanes decidió aparecer ante los judíos como un desconocido para averiguar como había terminado el asunto, pues pensaron que quizás Sallam no había muerto.
Y así lo hizo y cuando la esposa relataba lo sucedido, miró el cuerpo de su esposo y dijo: “¡Por el Dios de los judíos! ¡Sallam está muerto!” El creyente abandonó el lugar y puso al tanto a sus compañeros del éxito de la misión. En medio de la oscuridad de la noche todos salieron del escondite, se dirigieron a Medina e informaron al Profeta (B.P.) del resultado obtenido.
Una Comisión Quraishita a Etiopía
Una previsora comisión quraishita, que estaba espantada por el creciente poder y avance del Islam, se dirigió a Habashe (Etiopía) para establecer allí su morada. Pensaban que si Muhammad (B.P.) se apoderaba algún día de la península arábiga debían estar preparados y asentados, al menos un grupo de ellos, en tierras de Etiopía. En el caso de que Quraish triunfara sobre el Islam regresarían nuevamente a sus hogares.
Una de las personas que integraban la comisión era Amru Ass, que dejó el Hiyaz llevando consigo cuantiosos obsequios. Casualmente el mismo día de su arribo a Etiopía llegaba allí un representante del Profeta (B.P.), Amr Ibn Umaiah Al-Zamarí, quien portaba un importante mensaje para el rey referido a los inmigrantes musulmanes.
Amru Ass les dijo enseguida a sus compañeros: “Ahora mismo me presentaré ante el rey y le pediré que me permita asesinar al representante musulmán”. Para llevar adelante su intención Amru entró en la corte, besó el suelo y de acuerdo con una antigua costumbre se prosternó ante el rey.
Este lo trató amablemente y le preguntó: “¿Me has traído obsequios de tu tierra?” Amru se los entregó y le dijo: “El hombre que acaba de salir representa a una persona que ha dado muerte a muchos de nuestros grandes. Si tú me permites asesinarlo en represalia por ello, será para mí un gran favor”.
Estas palabras de Amru encolerizaron al Negus, quien lo abofeteó y dijo enfurecido: “¿Acaso me pides que ponga a tu disposición al hombre que representa a aquél que recibe al ángel de la revelación, igual que Moisés (P)? ¡Por Dios que él está con la verdad y triunfará sobre sus enemigos”. Narró Amru Ass: “Cuando oí sus palabras creí en la religión de Muhammad pero oculté ese sentimiento a mis compañeros.
Una prevención contra nuevos ataques a los difusores
Mencionamos en un capítulo anterior las masacres de las delegaciones enviadas para difundir el Islam a diversas tribus, como el caso del grupo que fue atacado en Rayí' y que se dirigía a las tribus de Adhul y Qarrah (dos ramas de la tribu de Banu Lahian), dos de cuyos integrantes fueron crucificados luego por los quraishitas. Desde entonces los viajes para la difusión del Islam se interrumpieron.
No obstante, dado que el peligro que representaban los confederados había desaparecido, el líder del Islam considero necesario y oportuno reprimir a la tribu de Banu Lahian como un modo de advertir a otras tribus que quisieran adoptar conductas semejantes. Para ello en el quinto mes del VI año de la Hégira Muhammad (B.P.) nombró como su sucesor en Medina a Ibn Umm Maktum.
Viajaría pero no comunicó a nadie el destino de ese viaje pues temía que llegase a oídos de Quraish o de Banu Lahian. En un primer momento la expedición tomo la ruta de Sham, pero luego se desvió hacia la ruta que lo llevaría a Qarrah, tierras de la tribu de Banu Lahian. No obstante las precauciones el enemigo había descubierto este viaje y se había refugiado en las montañas.
A pesar de ello, las maniobras militares del grupo que acompañaba al Profeta (B.P.) humillaron al enemigo e infundieron miedo en sus corazones. Más tarde emprendió una segunda expedición militar y partió con 200 soldados hacia Asfán, sitio próximo a la Meca.
Posteriormente envió diez personas con el encargo de grupo investigador a los alrededores de la Meca. Al verlos los mequinenses comenzaron a comprender la magnitud del creciente poder de los musulmanes.
Relata Yabir Ibn Abdullah: “Tras el regreso del viaje decía el Enviado de Dios (B.P.): ‘Me refugio en Dios de los dolores del viaje, de las dificultades de los desplazamientos y de los tristes sucesos de la vida mundanal’ ”.
El Evento de Dhu Qarad
Pocos días después del regreso del Profeta (B.P.) a Medina, Uiainat Ibn Hisn Al-Qazarí y un grupo de la tribu de Gatfan robaron una manada de camellos que se encontraba en Qabah, mataron al pastor y tomaron cautiva a una mujer musulmana. Salama Aslamí, que había salido de Medina para cazar vio lo sucedido e inmediatamente subió a la montaña de Sal' y pidió auxilio exclamando: “¡Ua Sabahah!” (expresión árabe para pedir auxilio).
Luego persiguió a los ladrones y comenzó a arrojarles flechas para dificultarles la huída. El Profeta (B.P.) fue la primera persona que oyó las exclamaciones de Salama. En seguida pidió auxilio. De pronto un grupo se presentó y fue enviado a perseguir a los malhechores. El comandante del grupo era Salad Ibn Zaid. Muhammad (B.P.) fue tras ellos.
Se entabló, entonces una breve escaramuza en la cual resultaron muertos dos musulmanes y tres de los mal vivientes. Finalmente se recuperó a la mujer y un número importante de camellos. El resto de los incursionadores se refugiaron en territorio de la tribu de Gatfan. El Enviado de Dios (B.P.) permaneció un día entero en Dhu Qarad y no consideró conveniente la persecución a pesar de la insistencia de sus combatientes; luego regresaron a Medina.
Una promesa indebida
La mujer que había sido secuestrada y luego liberada se presentó ante el Profeta (B.P.) y le dijo: “Cuando me llevaban prisionera montada en este camello (señalando el camello del Profeta [B.P.]) prometí que si me salvaba lo sacrificaría”. El Enviado de Dios, sonrisa de por medio, le dijo: “¡Qué mala recompensa la del camello! ¿Él te rescató y tú lo matarás?”
Luego tomando el tema seriamente agregó: “La promesa en la que existe desobediencia a Dios, o aquélla que se debe cumplir con bienes ajenos no es válida. Tú prometiste hacer algo con lo que no te pertenece, por lo tanto no es necesario que lo cumplas”.
- 1. La misión fue encargada a los jazrayíes pues los ausíes habían ejecutado ya previamente a K’ab Ibn Ashraf, y el Profeta (B.P.) no quiso ser injusto encargándoles también esta misión.