Capítulo 60: El Décimo Año de la Hégira (4ª parte)
Importancia de la Disposición de Rechazar a los Inicuos
El fuerte comunicado que el Príncipe de los creyentes Alí (P) leyera como representante del Profeta (B.P.) en la peregrinación del noveno año de la Hégira, en la comarca de Mina, anunciaba oficialmente que Dios y su Enviado se desentendían de los idólatras y que, en el término de cuatro meses los mismos debían aclarar su posición definitiva. El efecto que tuvo esta comunicación fue muy importante.
Las tribus que hasta ese momento no se sometían a la verdad del Corán y de la Unidad Divina por su contumacia, sus costumbres y supersticiones, que los hacían continuar por inercia en la adoración de ídolos de piedra y barro, se sintieron sacudidas y enviaron sus representantes a la capital del Islam.
Cada uno de estos representantes mantuvo allí conversaciones con el Profeta (B.P.). En su obra “Tabaqat” Ibn Sa‘d transcribe las características de las conversaciones de 72 de esos representantes.
El vuelco expresado por las delegaciones tras conocer el comunicado demuestra que al principio del décimo año de la Hégira ya no había quedado ningún rincón ni fortaleza segura para los idólatras e inicuos de entre los árabes. En caso de haber existido alguna fortaleza muchos se habrían refugiado en ella y habrían luchado contra Muhammad (B.P.).
Cuando aún no habían pasado cuatro meses todo el Hiyaz se hallaba bajo la bandera de la Unidad Divina, no quedando ya allí ni idolatría ni templos en donde expresarla. Inclusive grupos del Yemen, Bahrain y Lamamah se volcaron al Islam.
Un Atentado Contra la Vida del Profeta (B.P.)
Entre las tribus árabes los jefes de la tribu de Banu Amer se destacaban por su maldad y rebeldía. Tres de ellos, de nombres Amer, Arbad y Yabbar decidieron entrar a Medina simulando ser una delegación enviada por su tribu, conversar con el Profeta (B.P.) y asesinarlo por sorpresa. Según su plan Amer entablaría la conversación con el Profeta (B.P.) y en ese mismo momento -aprovechando la distracción- Arbad lo asesinaría.
Llegado el momento el resto de las personas que formaban la delegación y que ignoraban la maquinación de sus jefes expresaron su adhesión al Islam y su fidelidad al Profeta (B.P.). Por su parte Amer se abstenía de hacerlo, e insistía en querer hablar a solas con el Enviado de Dios (B.P.). Cada vez que pedía esto fijaba la vista en Arbad, y lo veía tranquilo y sosegado.
El Enviado de Dios (B.P.) le respondía reiteradamente: “Hasta que te islamices no es posible que se realice la entrevista”. Finalmente Amer fue desilusionado por Arbad de la concreción de su plan, pues le transmitió que cada vez que intentaba sacar su espada para matar al Profeta (B.P.) la majestuosidad de éste y el temor que le infundía le impedían hacerlo.
Entonces Amer se puso de pie y manifestó abiertamente su enemistad al Profeta: “Llenaré Medina de caballos y soldados en tu contra”. Sólo su especial paciencia impidió que el Profeta (B.P.) reaccionara, y sólo le suplicó a Dios que lo pusiera a salvo de ellos.
No pasó mucho tiempo que el ruego del Profeta (B.P.) fue satisfecho. En el camino de regreso Amer padeció una peste y murió desgarradoramente en la casa de una mujer de la tribu de Banu Salul. En cuanto a Arbad, lo fulminó una centella. Estos dos trágicos sucesos ocurridos a los enemigos del Profeta (B.P.) consolidaron aún más la fe en los corazones de los integrantes de Banu Amer.
El Comandante de los Creyentes en el Yemen
La mayor tendencia de este pueblo hacia el Islam y la seguridad que fue ganando el Enviado de Dios (B.P.) en las tribus árabes le dieron la oportunidad de ampliar los horizontes de su difusión hacia los países vecinos. Por primera vez el Profeta (B.P.) envió al Yemen a uno de sus sabios discípulos llamado Ma‘ad-Ibn Yabal, a fin de llevar allí la voz de la Unidad divina y enseñar los principios del Islam.
Entre sus recomendaciones le indicó: “Trata de no complicar las cosas y anuncia las promesas de Dios hechas a los creyentes. En el Yemen conocerás a la gente del Libro (judíos y cristianos), y ellos te preguntarán cuál es la llave del Paraíso, y tú les responderás: Atestiguar la Unicidad de Dios”.
A pesar de que Ma‘ad poseía grandes conocimientos acerca del Libro de Dios, el Corán, y la tradición, no había podido responder claramente a una pregunta que se le había formulado, y que se refería a los derechos del esposo sobre la esposa. Por lo tanto el Enviado de Dios (B.P.) decidió enviar allí al Comandante de los creyentes.
Su capacidad para la difusión, sus inteligentes sermones, su valentía y fortaleza incomparables, ampliarían seguramente la influencia del Islam. A todo esto, y previamente al viaje de Alí (P), había sido enviado al Yemen Jalid Ibn Ualid a fin tle solucionar algunas controversias que se interponían en el camino del Islam. Lamentablemente éste no pudo concretar su misión eficientemente.
Ante todos estos antecedentes fue que el Profeta decidió hablar con Alí (P) y le dijo: “¡Alí! Te envío al Yemen para convocar a la gente hacia el Islam, explicar sus mandatos y definir lo lícito y lo ilícito. Antes de regresar a Medina encárgate de recaudar el Zakat y el Yazia del pueblo de Nayran”. Con humildad Alí (P) dijo: “Soy muy joven y nunca he actuado como juez”.
Muhammad (B.P.) entonces colocó su mano sobre el pecho de Alí (P) y suplicó: “¡Dios mío! Orienta el corazón de Alí ([P.] en sus sentencias), y protege su lengua de todo error”.
Más luego agrego: “¡Alí! No pelees con nadie; intenta orientar a la gente hacia el sendero recto con la fuerza de la razón y un noble carácter. ¡Por Dios que si Él orientara a través tuyo a una sola persona hacia el camino recto sería mejor y más beneficioso para tí que poseer la totalidad de las cosas que el sol puede abarcar con su luz!”.
Y por último le recomendó cuatro cosas importantes: 1) “Suplica y habla con Dios siempre, puesto que a menudo las súplicas van acompañadas de respuestas; 2) sé agradecido y está satisfecho en todas las circunstancias de la vida, puesto que el agradecimiento aumenta las mercedes de Dios para con los hombres; 3) si concretaste un acuerdo o hiciste una promesa, respétalo; 4) Abstente de engañar a la gente, porque el resultado del engaño recae sobre el que engaña”.
A lo largo de su estancia en el Yemen Alí (P) pronunció sentencias maravillosas en su sabiduría. La mayoría de ellas pueden encontrarse en los libros de historia del Islam y en las recopilaciones de tradiciones.
Antes de su partida el Enviado de Dios (B.P.) le entregó un escrito en el cual convocaba al pueblo del Yemen hacia el monoteísmo verdadero, y le indicó que lo leyera ante el mismo. Bura' Ibn Aazeb fue uno de los acompañantes de Alí (P) en este viaje.
El relata que cuando Alí (P) arribó a la frontera del Yemen ordenó las filas de los soldados del Islam que con anterioridad al viaje de Alí (P) permanecían allí, dirigió la oración del alba, y posteriormente exhortó a todos los miembros de la tribu de Hamdan (una de las más grandes del Yemen), a fin de hacerles llegar la convocatoria del Profeta (B.P.).
Antes de comenzar alabó a Dios. La majestad de la reunión, la dulzura de su expresión y la sabiduría de las palabras del Profeta (B.P.) los impresionó de tal modo que en un solo día todos se islamizaron. El Comandante de los creyentes informó del acontecimiento al Profeta (B.P.) por medio de una carta.
Al recibida el Enviado de Dios (B.P.) se contentó tanto que de inmediato realizó la prosternación del agradecimiento desbordante de felicidad. Luego elevó su rostro y dijo: “¡Salud al pueblo de Hamdan!”.
La islamización de esa importante tribu condujo paulatinamente a la islamización del resto del Yemen.