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Capítulo 52: El Octavo Año de la Hégira (6ª parte)

La Popular Poesía de Kaab ibn Zuhair

Un joven es nombrado gobernador de la Meca

Era a mediados del mes de Dhul Qa‘adah del octavo año de la Hégira. La época de la peregrinación se aproximaba. Aquel era el primer año en que tanto el pueblo árabe musulmán como inicuo realizarían los rituales de la peregrinación (Hayy) bajo la dirección del gobierno islá­mico.

Por una parte la participación del Profeta (B.P.) aumentaba la majes­tuosidad y el esplendor de las ceremonias, y además sería esta vez posi­ble realizarlas bajo su sabia dirección. Por otra parte el Profeta (B.P.) tenía asumidas otras responsabilidades en la capital de su gobierno, Medina. Hacía ya casi tres meses que la había abandonado y por lo tanto habían quedado sin realizar algunas de sus tareas específicas.

Tras realizar un análisis global de la situación, el Enviado de Dios (B.P.) consideró conveniente abandonar la Meca y regresar a Medina tras realizar el breve ritual de la ‘umra. No obstante era imprescindible antes de partir nom­brar administradores políticos y religiosos en la ciudad recién conquis­tada, es decir la Meca, previniendo de cualquier estado anárquico que pudiese suscitarse durante su ausencia.

Nombró entonces como gober­nador a un inteligente y perseverante joven que aún no había cumplido los veinte años, llamado Uttab Ibn Usaid. Por sus servicios el Profeta (B.P.) le había prometido el pago de un sueldo.

Eligiendo a un joven recién isla­mizado y prefiriéndolo a tantos ancianos y hombres maduros, el Profe­ta (B.P.) quebró la barrera de los prejuicios y las ilusiones demostrando que lo que vale para obtener títulos y cargos es la capacidad y no la edad ni el rango.

Durante el transcurso de una reunión el gobernador comunicó lo siguiente: “El Enviado de Dios me ha asignado un sueldo, por lo que prescindo de sus ayudas y obsequios”. Otra excelente elección del Pro­feta (B.P.) fue el nombramiento de Mu'adh Ibn Yabal como maestro de los mandatos islámicos y la enseñanza del Corán.

Este hombre se destacaba entre sus discípulos por su gran conocimiento del Libro Divino. Inclusi­ve cuando Muhammad (B.P.) lo envió como juez al Yemen le preguntó: “¿En qué te basarás para tus dictámenes?” “En el Libro de Dios el Corán” le respondió Mu'adh. Entonces lo volvió a interrogar el Profeta: “¿Si no encontraras en el Corán una solución explícita acerca de algún asunto, qué harías?”.

Respondió: “Sentenciaría de acuerdo a tus sentencias puesto que he visto y grabado en mi mente tus dictámenes respecto a diferentes asuntos. En caso de producirse una situación semejante a alguna resuelta por ti, sentenciaría del mismo modo”.

El Enviado de Dios volvió a interrogar: “¿Si se presentara un caso al que no pudieras encontrarle solución ni en el Corán ni en mis sentencias, qué harías entonces?”. “Procuraría solucionarlo basándome en la justicia y la rectitud” respondió. Entonces el Profeta afirmó: “Doy gracias a Dios por haber dado a Su Enviado la oportunidad de elegir un juez del que está satisfecho”.

La Historia de Kaab ibn Zuhair ibn Abi Salama

Zuhair Ibn Abi Salama fue un elocuente poeta árabe de la época de la gentilidad. Había compuesto una de las siete famosas poesías que adornaban las paredes de la Ka‘aba y que eran orgullo y honor de la li­teratura árabe. Falleció antes del surgimiento del Sello de la Profecía. Fruto de su vida fueron dos hijos llamados Buhair y Kaab. El primero fue un creyente que amaba al Profeta y el segundo uno de sus más encarnizados enemigos.

Este último gozaba, por herencia, de una gran vo­cación poética que usaba para criticar al Enviado de Dios (B.P.) y estimular a la gente a oponerse al Islam. El Enviado de Dios (B.P.) entró a Medina un vein­ticuatro de Dhul Qa'adha.

El hermano de Kaab lo había acompañado en la conquista de la Meca, en el sitio de Taif y en éste, su regreso a Me­dina. Sabía que el Profeta (B.P.) había amenazado a algunos poetas que tra­bajaban contra el Islam. La amenaza fue cumplida cuando finalmente uno de ellos fue muerto. Dos lograron fugarse.

Buhair comunicó lo su­cedido a su hermano enviándole una carta. Al final de la misma le advir­tió de que si continuaba con su actitud de enemistad y rencor hacia el Profeta su sangre sería derramada y que si, en cambio, lo visitaba y le expresaba su arrepentimiento, sería perdonado.

Entonces Kaab, que confiaba en las palabras de su hermano, se di­rigió a Medina. Al llegar entró en la mezquita, precisamente en el mo­mento en que el Enviado de Dios (B.P.) se encontraba haciendo la oración del alba. El poeta oró por primera vez junto a él.

Luego se sentó a su lado, colocó sus manos sobre las de él y dijo: “¡Profeta de Dios!, Kaab se ha arrepentido de su comportamiento y ahora ha venido a comunicarte su fidelidad al credo monoteísta. Si te visitara, ¿lo recibirías?” El Profeta (B.P.) le respondió afirmativamente. Entonces él dijo: “Soy el mismo Kaab Ibn Zuhair”.

Como compensación de sus anteriores insultos recitó allí mismo una elocuente e interesante poesía en presencia del Profeta (B.P.) y sus seguidores, en la cual lo elogiaba y alababa. Aquella significativa poesía fue una de sus mejores obras y a partir de aquel día los musulmanes se empeñaron en memorizarla y difundirla. También los sabios islámicos se han ocupado de interpretarla. He aquí dos de sus versos:

“Me han informado que el Enviado de Dios me amenazó,

pero no se espera de él más que perdón y absolución.

Ciertamente que el Profeta es la antorcha luminosa

que orienta a los humanos hacia un sendero recto...”

La Tristeza y la Alegría van Acompañadas

A fines del VIII año de la Hégira el Enviado de Dios (B.P.) se en­frentó a la pérdida de su hija mayor, Zainab. Ella había contraído ma­trimonio con su primo Abul Ass antes de la misión profética. Luego de la misión de Muhammad (B.P.), Zainab creyó en su padre pero su esposo con­tinuó profesando la idolatría, participando incluso en la batalla de Badr contra el Islam en la cual fue tomado prisionero.

El Enviado de Dios (B.P.) le concedió la libertad a condición de que él enviara a su esposa a Medina. Abul Ass cumplió, pero los jerarcas de Quraish mandaron por ella obli­gándola a regresar. En medio del camino el encargado de esta misión se acercó a Zainab e hizo penetrar su lanza en su Huday (especie de cubo que se colocaba sobre los camellos para transportar a las mujeres).

Aterrorizada la indefensa hija del Profeta abortó. A pesar de todo no renunció a su decisión de seguir su viaje hacia Medina. Finalmente, agotada y enferma pudo llegar allí. El resto de su vida lo pasó enferma en Medina y finalmente falleció a fines del octavo año de la Hégira.

Afortunadamente esta tristeza se vio acompañada de una alegría puesto que hacia los finales de ese mismo año Dios agració al Profeta (B.P.) con un hijo que se llamó Ibrahim. Cuando Salma, la partera de María, le anunció al Profeta (B.P.) que su esposa había dado a luz un niño, él le ob­sequió un precioso regalo. Al séptimo día del nacimiento sacrificó un cordero, rasuró la cabeza del niño y dio a los pobres el peso del cabello en plata.

Fin de los sucesos del VIII año de, la Hégira