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Capitulo 1:La Peninsula Arabiga

La península arábiga, cuna de la civilización islámica, se halla situa­da al suroeste de Asia y tiene un área de 3 millones de kilómetros cua­drados, ocupando una extensión dos veces mayor a la de Irán, seis a la de Francia, diez a la de Italia y ochenta a la de Suiza.

Limita al norte con Palestina y el desierto de Siria, y al este con Hirah (Jordania), el río Tigris y el Golfo Pérsico. El lado sur forma la orilla del Océano Índico, y el Golfo de Omán. Al oeste queda limitada por el Mar Mediterráneo, el Canal de Suez y el Mar Rojo.

Desde la antigüedad, la península se halla formada por tres regio­nes: al norte la Arabia Pétrea o Hiyaz; al este, la Arabia Desierta o de­sierto árabe; y al sur, el Yemen o Arabia Feliz.

En estas zonas predomi­nan los grandes desiertos prácticamente inhabitables. Uno de ellos, que se denominaba Badiesmaued, es conocido en la actualidad como Nafud; y otro que se extiende hasta el Golfo Pérsico, es el Rab Al Jali. Un ter­cio del territorio está compuesto por zonas áridas y sin vegetación.

El clima es caluroso y seco, mientras que las costas son húmedas y excep­cionales los lugares templados.

A raíz del clima tan desfavorable y la escasez de agua experimenta­da, la población no supera los quince millones de habitantes.

Una cadena de montañas se extiende de sur a norte, sobre el oeste; la cumbre más alta alcanza los 2470 metros sobre el nivel del mar.

Comercio e Industria

Las minas de piedras preciosas, y de oro y plata, constituyeron desde tiempos antiquísimos sus fuentes de riqueza, y de entre los gana­dos proliferó la cría de camellos y caballos; las aves que abundaban eran palomas y avestruces.

En la actualidad la industria petrolera es la de mayor importancia y su enclave principal es la ciudad de Zahrán, a la que los europeos acostumbran a llamar Dahran, y la cual se encuentra en el Golfo Pérsico.

Ahora, para que el lector se interiorice sobre la situación de la pe­nínsula de Arabia, aportaremos mayores detalles de las regiones ante­riormente nombradas.

1- El Hiyaz

Comprende el noroeste y se extiende desde Palestina hasta el Yemen sobre el Mar Rojo, limitando por el oeste con el gran desierto de Nayd. Esta región es de suelo montañoso, desiertos incultivables y for­maciones rocosas.

Este territorio adquirió renombre desde la época del triunfo del Is­lam, ya que, al constituirse en centro espiritual y religioso alrededor de la Ka‘aba y ser ésta la Qiblat (orientación para el rezo), millones de mu­sulmanes se encaran hacia este punto geográfico cuando formalizan sus oraciones, cinco veces al día.

Ya antes de la aparición del Islam, la Ka ‘aba era respetada por los árabes y no árabes, y estaba prohibido librar batallas en sus alrededores. Las ciudades más importantes del Hiyaz son la Meca, Medina y Taif. Además, existen dos grandes puertos, el de Yid­dah, que se encuentra a beneficio de los habitantes de la Meca, y el de Ianbu, del cual se abastecen tanto la Meca como Medina. Ambos puer­tos se sitúan a orillas del Mar Rojo.

La Meca es una de las ciudades más famosas del mundo y una de las más habitadas del Hiyaz. Se encuentra aproximadamente a 300 me­tros sobre el nivel del mar y por encontrarse entre dos cadenas monta­ñosas, resulta dificultoso divisarla desde lejos. Según estadísticas de 1983 su población alcanza los 366.801 habitantes.

Historia de la Meca

Su historia comienza cuando el Profeta Abraham (P) envía a su hi­jo Ismael (P) junto con su madre Agar a establecerse allí. Acorde con la orden de Dios, Abraham (P) construye el templo de la Ka‘aba, y a par­tir de entonces la ciudad comenzó a surgir y a desarrollarse.

En las afueras de la Meca los suelos son tan salinos que son impo­sibles de cultivar y, conforme a declaraciones de algunos especialistas, no existe en el mundo lugar alguno con semejantes condiciones climá­ticas y ambientales.

Historia de Medina

Esta ciudad se encuentra el norte de la Meca y dista de ella unos 90 farsaj (cada farsaj equivale a unos seis kilómetros). Su suelo es fértil y prolífico en palmeras y jardines. En la época preislámica se llamaba Iazrib, pero luego de la Hégira (emigración allí del Profeta) se denominó “madinatu-r-rasúl”, cuyo significado es “La ciudad del Enviado (de Dios)”, y más tarde Madina (Medina).

Los primeros habitantes de esta comarca fueron los Amuliqué, quienes a su vez fueron sucedidos por un grupo de judíos y dos tribus, Aus y Jazray, llamados posteriormente “ansár” (auxiliares, socorredo­res, del Profeta) por los musulmanes.

El distrito del Hiyaz, a diferencia de otros, quedó preservado de la voracidad imperialista de los dos imperios conquistadores del momento:

Persia y la Roma oriental, Bizancio, ambos focos opresores de la era preislámica, pues sus suelos incultivables e inhóspitos eran de escaso valor.

2- El Desierto de Arabia

Está situado en la parte central-este y es conocido con el nombre de Nayd. Allí se encuentra Riad, la capital de Arabia Saudita, que es un una de las ciudades más importantes de la península en la actualidad.

3- El Yemen

Se ubica al suroeste de la península arábiga. Su extensión de norte a sur es de 750 Km., y de este a oeste de 400 Km. Cuenta con una super­ficie de 195.000 kilómetros cuadrados.

Entre las ciudades más importantes del Yemen podemos citar la de Sanaa, destacándose además el puerto de Al-Maidah o Al-Hadida, si­tuado sobre el Mar Rojo. Esta es una región de mejores condiciones na­turales lo que posibilitó la notable trayectoria de su antigua civilización.

El Yemen estuvo gobernado durante muchos años por los reyes de la dinastía Tabaiieh. También constituyó uno de los centros comerciales más importantes, y de sus minas se extrae oro, plata y piedras preciosas para su exportación. Aún perduran los símbolos de aquella civilización y de esos hombres expertos en agricultura y floricultura.

Gustav Lebon, historiador y orientalista francés, escribió que no existe lugar más fértil y paisajes más pintorescos que los del Yemen den­tro de Arabia. Otras investigaciones demostraron, a través de sorpren­dentes hallazgos, que esa antigua civilización yemenita era muy desarro­llada, en particular las ciudades de Sanaa, Ma’arib y Bilquís.

En la ciudad de Ma’arib abundaban los palacios de grandes puertas y los estantes adornados con objetos de oro y plata. De ella sólo quedan las ruinas de una famosa represa que se derrumbó a raíz de una inunda­ción, a la que el Sagrado Corán menciona con el nombre de Iram.